AMSTETTEN [EL COMERCIO/AGENCIAS]. Lo que ya se daba por hecho, quedó ayer confirmado por los análisis de ADN: el técnico electricista jubilado Josef Fritzl es el padre de sus seis nietos, nacidos en el calabozo que él construyó debajo de su casa, en la ciudad austríaca de Amstetten, tras la violación sistemática de su hija Elisabeth durante 24 años.
Con estos resultados, la policía austríaca terminó el punto principal de este espeluznante caso, que entrará en la historia como uno de los crímenes más macabros de este país. En 1984, Josef condujo con engaños a su hija, entonces de 18 años, al sótano de la casa, donde abusó de ella. Elisabeth tiene ahora 42 años.
"Los seis hijos de Elisabeth Fritzl, nacidos en cautiverio (el séptimo murió apenas nació y su cadáver fue incinerado por el ya considerado 'Monstruo de Austria'), tienen como padre al padre de ella, Josef Fritzl", dijo en una multitudinaria rueda de prensa Franz Polzer, responsable de la investigación policial.
El portavoz de la fiscalía de Baja Austria, Gerhard Sedlacek, informó que el acusado fue puesto ayer a disposición de una jueza, pero decidió no declarar. La magistrada decretó la prisión preventiva que, según la legislación austríaca, será de un período inicial de 14 días.
Sedlacek explicó que solo en caso de ser declarado culpable de homicidio por denegación de auxilio que causó la muerte de uno de los bebes, Fritzl podría ser condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel.
Por las repetidas violaciones, la ley austríaca prevé una pena máxima de 15 años de prisión, aunque después de cumplir la sentencia las autoridades tienen la posibilidad de declarar a Fritzl insano, anormal y peligroso, con lo que sería internado en un centro psiquiátrico de por vida.
LAS INCÓGNITAS PERSISTEN
Aunque la paternidad de Fritzl ya quedó comprobada, aún quedan muchas preguntas por resolver. Sobre todo, las dudas se centran en la esposa de Fritzl, Rosemarie, quien afirmó que ignoraba el horror que soportó su hija en el sótano de su casa durante tantos años. Fritzl le dijo que Elisabeth se había adherido a una secta, y durante esos 24 años le entregó tres de sus hijos, a través de cartas falsas, que el mismo Josef le obligó a escribir a su hija. Los otros tres se quedaron encerrados junto con Elisabeth y nunca vieron la luz del día.
Otra de las incógnitas se centran en el viaje que Josef Fritzl hizo a Tailandia en 1998 durante unas vacaciones, pues el sujeto era el que controlaba la entrada del sótano y él proveía de alimentación a su hija y sus hijos-nietos.
Entre tanto, las autoridades informaron ayer que Rosemarie y Elisabeth se encontraron en la clínica donde ella y sus hijos están recibiendo ayuda psiquiátrica. "Fue asombroso lo fácil que resultó, cómo la madre y la abuela se reunieron", dijo el martes Berthold Kepplinger, el director de la clínica, quien agregó que todos interactuaron con mucha naturalidad, aun cuando los tres niños que vivían con sus abuelos nunca se encontraron con los hermanos que vivían enclaustrados.
Indicó que Elisabeth ha hablado mucho de su cautiverio, pero declinó especificar. "Definitivamente fue algo espantoso para ella y sus hijos", señaló.
Mujer vivió similar horror en Francia
PARÍS [AFP]. Una mujer de 45 años, Lydia Gouardo, quien vive en la ciudad de Coulommes (Francia), conoció una situación semejante a la de Elisabeth Fritzl, al haber sido violada, secuestrada y maltratada por su padre adoptivo entre 1971 y 1999, del cual tuvo seis hijos.
Si bien Lydia Gouardo no permaneció encerrada como la mujer austríaca, su padre, Raymond, consiguió mantenerla siempre junto a él, desde su infancia hasta los 36 años, aterrorizándola gracias a la negligencia de la justicia y de los servicios sociales.
Raymond Gouardo, que no era el padre biológico de Lydia, pero que la había reconocido como hija, murió en 1999, sin haber sido juzgado.
Su compañera, Lucienne Ulpat, de 68 años, fue condenada el 18 de abril por la justicia a cuatro años de prisión condicional, por "no impedir un crimen" y por "agresión sexual" contra uno de los hijos de Lydia.