Enrique Bologna. Él la pasa mejor en el arco rival que bajo el que defiende. De hecho, si con la 1 de Alianza se come goles olímpicos o tires libres a su palo, con esa misma camiseta encara la portería enemiga con la frialdad del mejor Aguirre. Su relación con el gol es inversamente proporcional a las funciones de su puesto. Convierte más de los que ataja. Y de esta forma, ya marcó tres.
Llegó al Perú con un pasado de solo 90 minutos en tres años de carrera en la Primera de Banfield; y al cabo de 14 domingos, ya es el arquero goleador del torneo peruano 2008. Si Manco se esconde, Waldir engorda y Benavides falla, Bologna define. Y no lo hace mal: el primero contra César Vallejo fue un disparo suave al palo derecho. El segundo, un furioso derechazo. El escenario antes de estos penales no era para reír: el 'Pompo' Cordero, un eternamente joven volante de pie generoso (con modales de ex jugador), lo había ridiculizado. Lo que para un defensa es una huacha, para un arquero es un gol olímpico. Contra eso se rebeló Bologna y Alianza ganó el partido
Contra la 'U', cuando faltaban seis minutos para el final del clásico, pasó lo mismo. El árbitro cobró penal y dispuesto a vengar el error en el tiro libre de Neyra, corrió de norte a sur y se paró frente a Fernández. Amagó un misil y mató con un inofensivo disparo de perdigón. Cuando sus diez compañeros se escondían, el argentino Bologna justificó su llegada a Matute con una definición de penal, que mezcló valentía, personalidad y talento. O mejor: el criollazo concepto peruano que encierra su apellido.
Su protagonismo en la tabla de goleadores es inédita en la historia de Alianza. No es un lujo sino un demérito que, por encima de sus atacantes malabaristas, se ubique un atacante alto, lento y argentino (el histórico ideal del jugador para la 'U'). De última: a los admiradores de 'Manguera' y Cubillas no debe causarles gracia que el mejor delantero grone sea su arquero. Solo este detalle describe al irregular plantel que armó la directiva en verano. Alianza trajo a Serna, repatrió a Baylón, desempolvó a Sáenz y ni los tres juntos compiten con la efectividad de Bologna.
Ahora que ya conocemos su desparpajo para ir al frente, sería justo que alguien del comando le exija preocuparse por el arco que vigila. Detrás de los tres goles anotados por el ex Banfield, se esconden 13 recibidos en 14 partidos. Si usted ve a Bologna entrando en una ferretería, no lo incomode. Quizá esté buscando un cerrojo ultraseguro, a prueba de goles tontos.
Donny Neyra. El número de la chompa --el 3-- denuncia su antigua posición: fue back, o zaguero, o stopper, o lateral, nunca volante creativo. Donny Neyra ha tomado el disfraz del colombiano Candelo y, contra el pronóstico de casi todos, no solo lo ha copiado bien, sino que cada vez lo imita mejor.
Tiene pase largo, movilidad suficiente para recibir la pelota, casi siempre desmarcado, y un liderazgo tan notorio que las pausas o aceleraciones de la 'U' se dan según su capricho. El clásico lo definió 'Malingas', pero lo empezó a ganar Neyra cuando toreó a Ciurlizza por casi cuatro metros y alcanzó a ponerle un pase de Champions al chico Rabanal. Hizo el primer gol y fue el autor intelectual del otro. Es el líder del líder. O, si prefiere, un 3 con alma de 10, que jugó para 8 puntos.
Neyra no es veloz, pero juega en el Perú, y ese ritmo lentejón se disimula perfectamente porque casi todos sus rivales se mueven también en zonas de cámara lenta. Distinto sería --sospechamos-- si trasladásemos el fútbol de valsecito que juega Donny a esa acelerada pista de Eliminatorias donde predomina el tecno o el trans. Ahí sufriría más y rendiría menos.
Neyra ha hecho la inversa de esos viejos káiseres alemanes que, tipo Sammer o Matthaus, arrancaban como volantes ofensivos e iban variando su posición temporada tras temporada, recluyéndose, a la vejez, en la cueva de zagueros. Su caso no se parece al de ellos, sino al de un Leguía que arrancó de back y terminó de creador o al de un Chemo que empezó de central y terminó siendo el volante-goleador de la 'U' de Cappa. No comparamos talentos, sino variantes posicionales. Tampoco igualamos rendimientos porque a Donny le faltarían 10 o 15 clásicos como el del miércoles para recién llegarle a la punta del chimpún a Del Solar o a Germán.
Mientras tanto, la rompe. Con ese galope demorado que combina indistintamente el despliegue, la clase y la pachocha, Neyra se graduó de conductor. Lo hizo ante Alianza, cinco días después de que le pusieran el mote de Riquelme y media prensa (nos incluimos) pegara una sonora carcajada. Pasó de extra a principal, de pelotero casero a posible 'extranjero', de futbolista prescindible a jugador claramente seleccionable.
La rompe tanto que hoy nadie se acuerda de Candelo. Y eso lo califica.
DESPUÉS DEL CLÁSICO
Héctor Hurtado
Delantero Universitario
"Me han dicho que (Bologna) se burló imitando nuestro festejo, pero no sé. Yo creo que lo más importante es que con las cosas del Señor no se juegan"
Jhoel Herrera
Marcador Alianza Lima
"Dios es valioso para todas las personas, no solo para los jugadores de la 'U'. El que toma (esa celebración) como burla es un ignorante, cómo vamos a burlarnos del Señor"
Malingas Jiménez
Delantero Universitario
"Fue el gol más importante de mi carrera, sin duda. Lo mejor que me ha pasado desde que regresé al Perú fue celebrar con la Trinchera Norte. Debo agradecer a mis compañeros"
Johnnier Montaño
Volante Alianza
"Sigo creyendo que Universitario no fue superior a Alianza en ningún momento. El partido lo perdimos nosotros, pues no supimos definir. Ojo, esto no ha terminado aún"
Jorge Araujo
Defensa Universitario
"Antes del partido no miramos la tabla, ahora tampoco. Lo único que nos importa es sumar de a tres. Fuera de casa y, sobre todo, en el Monumental"
Renzo Benavides
Delantero Alianza Lima
"El título no está perdido. El tema es que no sabemos definir los partidos y eso nos complica. A mí, por ejemplo, se me ha cerrado el arco. No sé qué pasa"