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Pensadores de nuestra identidad

Diversos pero iguales.

La Cámara de Comercio de Lima por sus 120 años acaba de editar una antología que lleva por título Identidad nacional en el Perú, un libro compilado por José Agustín de la Puente, Antonino Espinosa y Luis Enrique Tord, que recorre más de cien años de pensamiento peruano desde Riva-Agüero hasta José Antonio del Busto.

Por Jorge Paredes

A estas alturas debatir sobre la identidad del Perú puede parecer a simple vista un tema agotado, sobre todo cuando cada vez más existe el consenso de que somos un país diverso y heterogéneo en términos sociales y culturales. Sin embargo, alrededor de esta idea quedan temas pendientes: ¿Cómo hacer para que esta diversidad no sea un abismo, como ha sucedido en gran parte de nuestra vida republicana? ¿Cómo construir una ciudadanía con derechos y deberes que nos haga iguales en la multiplicidad? Por eso repasar las ideas que fundaron la nacionalidad peruana y su evolución en el tiempo siempre es un ejercicio estimulante, una especie de reencuentro con los orígenes y con los debates -algunos desfasados y otros vitales- que se han sucedido en los últimos dos siglos, pero cuyas reminiscencias abarcan a toda nuestra historia.

Esta búsqueda de la esencia de lo peruano, clave para la construcción del nuevo estado en los inicios del siglo XIX, fue algo que preocupó, en diverso orden, a criollos y mestizos en medio del estallido de las guerras de la independencia, la redacción de las primeras constituciones, la elección del sistema republicano, las luchas regionales y la pugna por el poder; y se fue convirtiendo en un tema irresuelto no solo ante las continuas crisis que tuvo afrontar la nueva república, sino también ante la persistencia de usos y costumbres coloniales. La esclavitud sobrevivió a la independencia por varias décadas y la integración del indio al proyecto republicano no fue un tema puesto en cuestión hasta entrado el siglo XX. Por ello los grandes debates en torno al tema de la identidad no estuvieron circunscritos solo a los primeros años de la independencia sino que en buena cuenta fueron más encendidos y ardorosos durante el siglo XX.

Este libro, editado por la Cámara de Comercio de Lima y compilado por José Agustín de la Puente Candamo, Antonino Espinosa Laña y Luis Enrique Tord, contrapone extractos de algunos notables representantes de la intelligentsia nacional alrededor del tema de la identidad. Para su realización, los compiladores establecieron algunos parámetros: que los autores sean fallecidos y que en sus textos expresen las posibilidades del Perú como nación. La lista la inician Riva-Agüero, Sánchez, Víctor Andrés Belaunde, Alarco; después vienen Basadre, Porras, Arguedas, Miró Quesada Sosa, Del Busto, entre otros.

El texto que abre el volumen corresponde a José de la Riva-Agüero y está fechado en 1910, cuando dos posturas ideológicas despuntaban en el horizonte: el hispanismo y el indigenismo. Avivado por estos fuegos, Riva-Agüero reconoce que la "nacionalidad tiene orígenes profundos y remotos", pero, contra lo que afirmaban los indigenistas, pide "subir al período del Virreinato, y comprender y sentir en él cómo la sangre, las leyes y las instituciones de España trajeron la civilización europea a este suelo, y crearon y modelaron lo esencial del Perú moderno". De esta manera, concluye que "la nacionalidad peruana no estará definitivamente constituida mientras en la conciencia pública y en las costumbres no se imponga la imprescindible solidaridad y confraternidad entre los blancos y mestizos y los indios."

Estas líneas son un ejemplo de hacia donde iría el debate en los años siguientes, atizado aún más con la irrupción de las ideas socialistas y marxistas de Mariátegui y Haya. Esto llevó a decir a Víctor Andrés Belaunde en 1944 que la identidad peruana giraba en torno a cuatro posiciones bien definidas: "la peninsularista o hispanizante exclusiva que considera nuestra nacionalidad como una prolongación de la cultura hispánica; la autoctonista, que atiende principalmente al elemento indígena y considera lo hispánico como un elemento agregado y destinado a ser absorbido por el desarrollo de las fuerzas primitivas; la fusionista, que ve en la nacionalidad y en la cultura peruana la yuxtaposición y, en ciertos casos la fusión de las culturas primitivas con los principios e instituciones de la cultura occidental, (y) por último, la posición de la peruanidad integral, mantenida por síntesis viviente o sea la asunción hecha por los elementos hispano-católicos, de los elementos biológicos, telúricos y culturales existentes en el Perú al tiempo de la conquista". Belaunde se adhiere a esta última definición, y le da importancia "al sentimiento religioso" como eje integrador de la peruanidad, algo que reafirma en otro ensayo de 1957.

EL HISTORIADOR DE LA REPÚBLICA
Entre estas ideas de mediados del siglo XX y el presente se alza la figura de Jorge Basadre. El historiador de la república surge así como la bisagra entre el pasado y la actualidad y encuentra por así decirlo el justo medio para entender el Perú como una sociedad heterogénea, "hispano-indígena-mestiza-criolla" en palabras suyas, y ver la identidad no tanto en el pasado, sino en la promesa de la vida futura. Así pide la liquidación final del dilema entre indigenistas e hispanistas y reclama más atención a "las caídas y los resurgimientos" de nuestra vida republicana, para sacar lecciones de estas crisis. Luego vienen las ideas del mestizaje expuestas no solo por Víctor Andrés Belaunde, sino refrendadas por Arguedas, Porras, José Varallanos, Miró Quesada Sosa y José Antonio del Busto, quien habla de ese "Perú esencial" que es patria ("la tierra de los padres"), nación ("que surge en el siglo XVI con los primeros mestizos") y estado ("nace el 15 de julio de 1821 con el acta de la independencia y se anuncia al mundo el 28 de julio de ese año").

El historiador Antonino Espinosa Laña, uno de los autores de esta antología, recoge el pensamiento de Víctor Andrés Belaunde, y afirma que "el Perú es una síntesis fecunda de lo indígena y lo español, más los negros, los chinos, y todos los que han venido después y han encontrado en esta tierra una integración, a veces con choques y con actitudes despectivas, pero con un lazo común muy fuerte. La palabra identidad en el diccionario no significa lo que es mío, sino lo que es idéntico a otro. Es decir, es un término relacional. Nosotros podemos hablar de manera diferente, vestirnos de manera diferente y hasta comer de manera diferente, pero tenemos pasados y raíces que son comunes".

Esta idea de diferencia y comunidad resulta esencial para el fortalecimiento de nuestra identidad sin prejuicios de ningún tipo. Como dice Espinosa Laña hoy que estamos en la época de los tratados de libre comercio necesitamos más que nunca crear una comunidad fuerte, de lo contrario lo que se abrirá al mundo será un país inseguro y dividido.

TRAS UNA ANTOLOGÍA
El proceso de edición del libro se inició exactamente hace un año cuando la Cámara de Comercio de Lima con ocasión de sus 120 años convocó a los tres historiadores (José Agustín de la Puente, Antonino Espinosa y Luis Enrique Tord) a un debate sobre nuestra identidad. Debido al éxito del foro se acordó la realización de una serie de cursos que determinaron finalmente la edición del presente volumen. Antonino Espinosa anuncia que ya se prepara una segunda entrega con otros autores contemporáneos.

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