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Lecturas

POESÍA
Libros perdidos e imposibles
A finales de la década del ochenta la editorial Mosca Azul publicó la poesía completa de Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941), reuniendo no solo los celebrados Consejero del Lobo (1965) y Contra natura (1971), sino también una serie de poemas inéditos y recogidos en revistas, la mayoría de ellas inaccesibles para el lector peruano. Fue así como sus seguidores pudieron por primera vez encontrarse con una región prácticamente desconocida de su obra, consistente en todos los poemas escritos entre sus dos libros capitales y los textos trabajados a lo largo de los años setenta y mediados de los ochenta. La impresión generada por la lectura de estos poemas era que no tenían deuda alguna frente a los que ya habían consagrado a Hinostroza como una de nuestras principales voces y que incluso en algunos casos, como el del magnífico "Nudo Borromeo", la capacidad y el talento del poeta alcanzaban cumbres insospechadas que lo situaban varios pasos delante de cualquier colega de su generación.

Con la edición de Mosca Azul fuera de circulación hace más de una década, la publicación de Nudo Borromeo y otros poemas era más que necesaria. No solo porque pone a disposición un buen número de textos inhallables para las nuevas camadas de lectores de poesía peruana, sino también porque en esta oportunidad se presentan estos poemas reencontrados con mayor cuidado y sin las erratas de la compilación anterior. En cuanto a los textos reunidos no hay mayores sorpresas. Son pocas las nuevas adiciones, entre las que destaca de lejos "El que regresa" uno de los primeros poemas que escribió Hinostroza y que es testimonio de una trayectoria volcada desde sus inicios a la experimentación y al riesgo constante, a la exploración de nuevos territorios, llevado de la mano por ciertas lecturas formativas que reinventó y convirtió en suyas e intransferibles. En cuanto a las demás novedades, se tratan de poemas posteriores a 1984 y no recogidos en su obra completa. Son quizá lo menos interesante que Hinostroza ha publicado hasta hoy, con la sola excepción del sugestivo "Para un falso equinoccio".

El gran acierto de Nudo Borromeo y otros poemas es, sin duda, la manera en que Hinostroza ha planteado su lectura. No se ha contentado con presentarnos un puñado de poemas salvados de aquí y de allá, sino revelarnos con ayuda de estas evidencias y restos la historia secreta detrás de sus grandes libros. El largo prólogo en el que detalla la concepción, elaboración y pérdida de cada uno de los poemas rescatados es también la fascinante historia de su evolución lírica: el recuento de los libros que nunca cuajaron (como el misterioso Ejercicio de Mando, que debió ser el que siguiera a Consejero del Lobo) o los que se perdieron físicamente casi en su integridad (como el caso de Tarot, un conjunto que de haberse concluido sería quizá su obra maestra), de los poemas ocasionales que pudieron ser la semilla de otros vastos proyectos pero que las circunstancias o la fiera autocrítica no permitieron continuar.

El prólogo, además, funciona como una formidable guía para releer en su contexto los poemas de formación y comprender las motivaciones por los que surgieron sus poemas sueltos de madurez -los que siguieron a Contra natura-, así como para conocer algunos detalles imprescindibles para cualquier iniciado en la obra hinostroziana, como la conexión de Aprendizaje de la Limpieza (1978), su libro sobre la experiencia en el psicoanálisis, con Escena Prima o Paisaje con infante, una de sus más poderosas creaciones, cuyos versos laceran la memoria y se instalan en ella con la fuerza de las canciones con las que hemos crecido ("Una navaja Barlow, una fría constelación / tiras la cabeza hacia atrás / los cabellos de Absalón se enredan en los olmos / la atroz carrera ha terminado").

Con este, su cuarto libro de poesía, Hinostroza ata los pocos cabos sueltos de una obra que, hoy podemos comprobarlo,  no se ha visto mellada en modo alguno por el paso del tiempo. Un libro que, más que un complemento accesorio de su obra canónica, es parte, tan valiosa como integral, de esta. (José Carlos Yrigoyen)

 

LENGUA
El nuevo español limeño
Que el idioma español está vivo lo demuestran los periódicos estudios sobre el cambio de nuestra lengua. Cada año deben ingresar al habla cotidiana cientos de nuevas palabras en todos los países hispanohablantes. La manera más rápida de difusión con la que cuentan es su aparición en los diarios. De allí saltan al consenso, y con algo de suerte al diccionario de la Real Academia. Pero como entrar a ese voluminoso libro no es tarea sencilla, algunos lingüistas nos dan las pistas de cómo se han colado a nuestro idioma y qué significan. Algo de esto es lo que se propuso y ha obtenido la lingüista Luisa Portilla Durand, que con un grupo de sus alumnos de esa carrera en San Marcos analizaron durante meses las nuevas palabras que iban hallando en un grupo de diarios limeños, hecho que ocurrió el año 2006. Es decir, los vocablos compilados en el libro son de lo más recientes y se describen sus diferentes acepciones. Todo un homenaje a la vitalidad del español capitalino. (ESH)

CRÓNICAS
Sensatez y pensamientos
"¿Vamos a enseñar tribunas vacías, que patenticen más nuestra miseria en el colectivo internacional? ¿Vamos a mostrar un funeral, cuando el mundo quiere una fiesta? No, carajo. ¡No debemos!". Con esta sentencia, cargada de peruana indignación, Gustavo Rodríguez encara un texto que, en el 2004, procuraba animar a nuestra gente para que haga de la Copa América un evento memorable.

Ese tono reflexivo y con frecuencia provocador se mantiene a lo largo de las ocho secciones del libro titulado Traducciones Peruanas, una recopilación de 81 columnas que Rodríguez publicó en este diario. La naturaleza de los textos abarca muchos más temas de los estrictamente relacionados con la publicidad; de los que también se ocupa, técnicamente a veces, pero sin abandonar la crítica y el humor.

El perfil del autor se va trasuntando en los sucesivos textos, varios de ellos escritos en primera persona: lo que leemos-escuchamos es la voz de un publicista-comunicador, de alguien que no sólo inventa spots o diseña campañas sino que, además reflexiona y relaciona su oficio con el quehacer nacional. En esa búsqueda, roza grandes temas que a todos nos envuelven: el racismo, la exclusión, la pobreza educativa.

Es un oído curioso y un ojo despierto, que parece descubrir en situaciones normales un envés inesperado, como ocurre cuando en "Hasta 'paja' te atraco" se da cuenta que la jerga joven de hoy no es la misma que la del ayer reciente. O cuando se mete en la página web de Los Simpson y percibe lo difícil que es para un peruano -y para él mismo- ponerse un color de piel en la imaginaria Springfield.

Incluso en textos que parecen más dirigidos a los notables de las agencias de publicidad, hay una insistencia, machacona pero sugerente, en ponerse en los zapatos de los otros, en huir de la feroz ignorancia social. Según él, tan aleccionador como seguir un posgrado en el extranjero es tomar una 'maestría de trescientos soles', viviendo con esa cantidad al mes, como muchos ciudadanos de nuestro país.

Rodríguez es también escritor -autor de las novelas La furia de Aquiles (2001) y La risa de tu madre (2003)-, por lo que maneja ágil y cuidadosamente el idioma. Por lo mismo, es un devoto de la lectura y de la creatividad, a la que no obstante desnuda en otra columna ("¿Agregamos una palabra?"), donde afirma que puede ser un mero 'juego egoísta de artificios' si no trabaja al alimón con la sensibilidad.

Eso es quizás este autor e imaginador tan reconocido: un hombre sensible que procura traducir el mundo y que, como dice Alonso Cueto en el prólogo, también lo promueve. (Ramiro Escobar)

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