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MUCHO OJO

Alan con spots

Por Fernando Vivas

Acabo de ver dos spots protagonizados por Alan García. Uno es corto y estatal, sobre la donación de miles de laptops para colegios públicos y el presidente aparece en un discurso sobre los retos de la educación. El otro es largo y privado, colaboración de la minera Yanacocha, y en él diserta sobre el valor de la inversión en infraestructura en un país de endiablada geología. Ningún spot contó con la participación especial de García. Los publicistas recurrieron al archivo.

Conclusión: el Gobierno sí tiene un problema de comunicación. Y es gravísimo, pues no solo afecta a su aparato de promoción, cosa que se puede corregir rápidamente jalando a buenos profesionales, sino que también ataca los cimientos de la mole presidencial y afecta dramáticamente su aprobación.

¿Cómo es posible que en pleno 2008 se lance publicidad televisiva sin participación expresa del presidente, con imágenes de archivo en las que este no dialoga con el televidente promedio, sino que parece complacido con el eco de su oratoria? Esos spots, si proliferan, pueden perder todo efecto publicitario y adquirir su acepción de manchas.

La tesis es que Alan se ha convertido en un liberal económico y un conservador mediático. Oye y abraza nuevas teorías políticas y económicas, sobre todo si vienen acompañadas de lobbies poderosos, pero se resiste a la asesoría comunicativa que le sugiera, a sus 58 años, ajustes de estilo y personalidad.

La prueba de esta resistencia de hombre de viejo partido, de político orador y ensayista a la antigua (¡aún pierde el tiempo escribiendo artículos sobre Haya!), está en su libro "Modernidad y política en el siglo XXI" (2003), en el que dice que la industria de la información está revolucionando al mundo, y cree ponerse al día perorando de Internet y microchips, pero no aborda el crucial tema de los contenidos a los que debe servir esa tecnología.

Pues uno de estos es el liderazgo político apoyado en una comunicación lo más participativa posible, cercana a las narrativas populares, emotiva pero no manipuladora, con la franqueza que le permita recuperar la confianza. Les falta calle al presidente y a sus spots.

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