Por: Juan Paredes Castro |
La izquierda marxista ha venido perdiendo los últimos espacios que le quedaban como alternativa de poder en el Perú, al punto que en la última contienda electoral pareció apenas un eco asordinado del humalismo.
También la hemos visto como miniproveedora ideológica y logística del Partido Nacionalista, a través de algunos viejos remanentes de sus cuadros, como Carlos Tapia, y uno que otro representante en el Congreso.
Esta misma izquierda, que reclama para sí un trato complaciente y que cuando no lo tiene suele ver fantasmas persecutorios o macartistas, no ha hecho nada hasta hoy por dar organización y estructura a sus fines y medios. Sus recientes intentos de reconstitución, a través de los cuadros comunistas de la CGTP, han provocado, en el presidente Alan García, el reclamo de por qué la organización sindical no se convierte, de una vez, en partido político, mientras que en otros sectores, afines y opuestos, la exigencia acerca de su definición como partido político o como fuerza aglutinadora sindical no ha sido menos drástica.
Su prédica y práctica políticas se ven igualmente disminuidas a la hora de intentar penetrar en los sectores populares de la gran Lima y del interior, donde la disputa de adhesiones del humalismo, del aprismo y del fujimorismo simplemente ahuyenta su presencia. Lo que no la ayuda en nada es su perfil amorfo, que ni la CGTP (Confederación General de Trabajadores del Perú) contribuye a transparentar. Quizá no le quede finalmente más alternativa que elegir una sobrevivencia periférica dentro del humalismo, como una acompañante útil para sumar votos, pero de ninguna manera para compartir el poder. No sería la primera vez que tuviese que transitar por este ingrato camino.
En tanto sus expresiones sean las que traduce una CGTP sectaria y errática, la izquierda marxista parecerá más un mito que una realidad.
Actualmente ya no tiene el espacio internacional de otros tiempos ni el liderazgo que alguna vez forjó Alfonso Barrantes Lingán. Pero algo tendría que hacer, desde sus escasas y frágiles filas, para por lo menos rellenar el sistema político de partidos del país. Alguna voz y algún pensamiento interesante e importante seguramente abriga en su interior. Y ello no lo hace menospreciable en la competencia política e ideológica plural que necesita el país.
Quizá ahora podría ensayar la posibilidad, de aquí al 2011, de evitar llegar a una elección como furgón de cola, lo que supone evitar tentaciones políticas oportunistas, como la de la CGTP de los últimos días, que más de una vez le han restado dignidad.