Por: Juan Paredes Castro |
El Gobierno ha encontrado en la escandalosa corruptela del Banco de Materiales su mejor receta para cambiar y mejorar la estructura empresarial del Estado.
Pero tal parece que está perdiendo olímpicamente la oportunidad de hacerlo.
¿Cómo es que el ministro de Vivienda, Enrique Cornejo, tiene que pasar por la embarazosa obligación de cesar al recién nombrado gerente general del Banmat, Manuel Villacorta, solo porque nunca se le ocurrió indagar sobre sus pasos corruptos previos en Sencico y que, para colmo, habrían merecido una condecoración de él mismo?
¿Si ya había ocurrido lo que había ocurrido (la tómbola de créditos, viviendas y utilidades en el Banmat), no era de esperar, más bien, la apertura de un riguroso concurso, con auditoría externa, para devolverle la confianza y la moral a la institución atropellada y para sentar un buen precedente de cambio en la gestión del Estado?
Y una vez más nos preguntamos: ¿La alerta roja del Banmat no fue suficientemente fuerte para el Gobierno como para exigir al Fonafe, que es la cúpula de todas las empresas del Estado, una nueva política de contrataciones y nombramientos en presidencias ejecutivas y gerencias, capaz de asegurar altos desempeños de eficiencia, honestidad y competitividad allí donde se mueven, en total, inversiones equivalentes a las del Banco de Crédito, Telefónica y Repsol juntos?
¿Dicho metafóricamente, cómo llega Cornejo a meter en el Banmat al mismo gato que había salido solapadamente y premiado de las alacenas de Sencico? Sencillamente porque no pidió una auditoría de la gestión anterior de Villacorta ni consideró necesario por lo menos preguntar quién era, en realidad, este señor. Y lo peor de todo: Fonafe no instruyó nada sobre nada, como tampoco lo hará más adelante, pues con este organismo no es la cosa. Todo debe permanecer igual allí donde los ministros son parte del directorio, sin conocer la mayoría de veces qué tienen que opinar y aprobar en términos empresariales. ¡Vaya qué relajada responsabilidad!
En vista de que todos se ponen de perfil a la hora de hablar del Fonafe, el presidente Alan García tiene que pensar urgentemente en reestructurar la composición de su directorio y su administración ejecutiva. Hay demasiados millones de por medio y un riesgo muy elevado para la rentabilidad empresarial.
Si el Banmat sirve todavía de algo es como laboratorio de lo que hay corregir de raíz en el envidiable árbol patrimonial de esta villa del Señor.