Por Fabiola Torres López
El ambiente en la cuadra veintisiete de la avenida Costanera, en La Perla, aparenta estar tranquilo, pero cualquier rostro, vehículo o ruidos extraños reviven los miedos del vecindario. Desde hace un mes, lo primero que Jorge Pulgar hace al levantarse de su cama es mirar hacia la playa que está frente a su casa. Quiere estar seguro de que su pesadilla no se ha hecho realidad: el inmenso colector del desagüe que lleva el mismo nombre de su distrito sigue seco, pero no se queda tranquilo. Pulgar y sus demás vecinos se preguntan hasta cuándo durará su incertidumbre.
El pasado 11 de abril, la empresa Sedapal tomó una decisión que los vecinos aún se resisten a aceptar: la apertura del colector La Perla como inevitable salida para enfrentar, al menos de manera transitoria, el estado de emergencia del sistema de alcantarillado de Lima y Callao.
El ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Enrique Cornejo, dijo que este colector se abriría en dos semanas, pero ya han pasado cuatro sin que ello ocurra, mientras que los residuos fecales de seis distritos de Lima salen a diario por el Interceptor Norte directo al mar de Ventanilla, donde las empresas pesqueras extraen los recursos marinos que luego llegan al mercado.
Hilda Abuid, portavoz de Sedapal, indicó ayer que la empresa aún no ha determinado un cronograma para la construcción del espigón y el tubo submarino de 100 metros de longitud que hará posible el desfogue de las aguas residuales de seis distritos por el colector La Perla. En la zona aún no se ha movido una sola piedra y el alcalde de La Perla, Pedro López, precisa que la empresa de agua no podrá iniciar los trabajos sin las autorizaciones de la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (Dicapi) y la Dirección General de Salud Ambiental del Ministerio de Salud.
Aunque la portavoz de Sedapal asegura que ya tienen el visto bueno de la Digesa y que sus técnicos están trabajando en el diseño del espigón y emisor submarino, Fausto Roncal, responsable de la Dirección de Ecología y Medio Ambiente de la Digesa, aclara que aún no se ha emitido la autorización de vertimientos a la empresa de agua. "Nos consta que Sedapal está preparando su expediente y nosotros lo evaluaremos con la urgencia que se requiere, pero solo cuando se emita una resolución directoral se podrá abrir el colector", afirma Roncal. Los vecinos de La Perla creen que Sedapal los sorprenderá cuando concluyan las cumbres internacionales de mayo en Lima.
¿TRATAR PARA BOTAR AL MAR?
Desde antaño, el sistema de colectores de aguas servidas de Lima ha aprovechado la inclinación natural de este a oeste del territorio que ocupa la ciudad para verter sus aguas sin tratar al mar. Sin embargo, esta práctica se ha hecho insostenible con el crecimiento de la capital y --como ya lo advertía la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el 2000 -- se está pagando un alto costo con el daño al ecosistema marino y la salud de la población. La solución gubernamental al problema de la contaminación del mar por los desagües de Lima es la construcción de las plantas de tratamiento La Chira y Taboada, una promesa que repite Sedapal desde hace ocho años. El ministro Cornejo informó ayer que hay once postores interesados en el concurso público para construir la planta de Taboada. Aseguró que el Estado dará la buena pro al que garantice hacerla en 18 meses.
No obstante, este modelo de gestión de aguas residuales, que contempla un conjunto de colectores para trasladar grandes caudales a monumentales plantas de tratamiento, es poco eficiente si se toma en cuenta que se invertirán 115 millones de soles solo en la infraestructura de Taboada para el tratamiento del desagüe que seguirá lanzándose al mar. Así lo dice el ingeniero sanitario Javier Prado Blass, ex representante de la sociedad civil en el consejo directivo de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass).
A esta misma conclusión llega Marcos Alegre, presidente del Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA), quien plantea que, además de las soluciones convencionales expuestas por Sedapal, el sistema de gestión del alcantarillado limeño debe incluir alternativas complementarias para tratar el desagüe y reusarlo en el riego de áreas verdes. "Todas las ciudades, sin excepción, vivieron lo que pasa Lima. Es decir, crearon grandes soluciones, convencionales y centralizadas, pero con el tiempo se empiezan a dar cuenta de que es necesario buscar soluciones complementarias. Es un tema de diversificar soluciones, no es que una reemplaza a la otra", afirma Alegre.
Fausto Roncal, director ejecutivo de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa), sostiene que esto implica desarrollar un modelo descentralizado o sectorizado de gestión de las aguas residuales que permita trasladar caudales menores de aguas servidas hacia pequeñas plantas de tratamiento locales para luego reciclar el agua depurada. "En una ciudad con déficit de fuentes de agua como Lima, ello debería ser una política pública para ahorrar el recurso", afirma Roncal.
De acuerdo con Sedapal, solo el Cercado, Santiago de Surco, La Molina, el Callao y Miraflores consumen mensualmente 298.231 m3 de agua potable para mantener sus parques. Mientras tanto, dos millones de personas en Lima y Callao aún no acceden a este servicio. Desde la experiencia pionera del ingeniero sanitario Alejandro Vinces Aráoz con el proyecto de reciclaje de aguas servidas y forestación en las pampas de San Juan (1959-1968), algunas municipalidades e instituciones privadas han reproducido pequeñas plantas de tratamiento del desagüe, pero esta práctica no es una política impulsada por el Estado.
En la actualidad, las municipalidades de Miraflores y de Santa María del Mar, el Jockey Club del Perú, el club El Golf de La Planicie, la Pontificia Universidad Católica del Perú, el colegio La Inmaculada, el club Regatas Lima y los cementerios Jardines de la Paz reciclan aguas servidas para regar parte de sus áreas verdes. Además, la Municipalidad de Villa El Salvador riega sus parques con agua residual que proviene de la planta Huáscar de Sedapal a través de un convenio.
Alfredo Noriega, presidente del Capítulo de Ingeniería Sanitaria del Colegio de Ingenieros de Lima, concuerda con una propuesta que impulse plantas de tratamiento locales en Lima como una forma de ahorro de agua potable, pero aclara que no es viable sectorizar todo el alcantarillado si no están definidas las necesidades reales del agua tratada. Por ejemplo, Noriega ha calculado que para regar las 1.300 hectáreas verdes de Lima solo se necesitaría tomar el 5% de las aguas residuales que produce Lima para tratarlas en pequeñas plantas.
Redujeron metas de gestión a SedapalDe esta manera, se permite que hasta julio del 2010, Sedapal trate solo 1,64 m3/s de aguas servidas, mientras que para julio del 2011 se ocupe de 2,76 m3/s. Las anteriores metas de gestión apuntaban a que la empresa tratará 3,35 m3/s hasta julio del 2010 y 4,47 m3/s en el 2011. "Esto quiere decir que el regulador no obliga a Sedapal a realizar inversiones para ser más eficiente", dice el ingeniero sanitario Javier Prado Blass, ex representante de la sociedad civil en el consejo directivo de Sunass.
Sin embargo, en enero del 2008, Sunass comunicó que la tarifa de agua potable y alcantarillado subiría 7% en Lima a partir de julio de este año si Sedapal cumplía con las metas de gestión. Según José Salazar, presidente de Sunass, este incremento serviría para financiar las obras de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas servidas.
"Al final, las deficiencias de Sedapal siguen siendo pagadas por los usuarios", apunta Prado Blass.
DEL CONSULTOR
Soluciones locales, impactos globales*
Lima y Callao han multiplicado en 12 veces su población y área urbana en los últimos 60 años. La creciente demanda rebasó la capacidad del servicio de agua y alcantarillado. La respuesta, insuficiente por cierto, fue bastante convencional. Se han agregado cientos de kilómetros de tuberías conectadas a grandes sistemas de troncales e interceptores, con la idea de instalar unas pocas y faraónicas plantas de tratamiento de agua residual. Este modelo centralizado es contraproducente en urbes extensas y planas como Lima y Callao. Aquí no hay economía de escala. Más extensa la ciudad, más costoso y complejo resulta este tipo de servicio.
Resulta imperativo repensar el sistema de alcantarillado y tratamiento de agua residual. Primero, que evite la agregación kilométrica de mallas de tuberías; es decir, debemos establecer pequeñas redes de alcantarillado con plantas de tratamiento de agua residual independientes y de menor escala. Segundo, que posibilite el indispensable reciclaje de las aguas residuales tratadas en las áreas verdes públicas y privadas. Y tercero, que facilite la recuperación del arraigo y la participación ciudadana en torno a soluciones locales.
Ya no solo es un asunto de hacer megaproyectos de infraestructura, que muchas veces esperamos en vano por décadas. Diversificación tecnológica, soluciones locales e impactos globales son una necesidad.
*Marcos Alegre. Ingeniero sanitario y presidente del GEA