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Las carretas no democráticas camino al 2011

Por: Juan Paredes Castro |

Mientras el sistema político democrático (hasta donde podamos reconocerlo como tal) se mantiene entre la tensa calma y la relajación estoica, respecto del 2011, las corrientes antisistema buscan sacarle ventaja electoral desde ahora.

Para el caso manejan una estrategia de oculta agresividad y de imperceptible cálculo político, lo que los pone fuera de la pantalla opositora grande, precisamente como cobertura de la procesión que urden por dentro.

En efecto, el humalismo y el movimiento cesionista de Hernán Fuentes en Puno tienen sus propios proyectos políticos en dirección al 2011, pero atados a un soporte común: el de la Coordinadora Bolivariana que financia el gobierno de Hugo Chávez. Otras organizaciones como la CGTP también querrían estar en el mismo periplo y pasando el mismo sombrero.

Con la evidencia que ha podido mostrar ayer "Perú.21" de un Alberto Fujimori trazando planes políticos de puño y letra para el 2011, la alianza electoral ligada al ex presidente tiene proyectado jugar con la victimización de su líder y con el humor populista y no democrático que subyace en un sector de la sociedad peruana. Se trataría de arrojar una costra de olvido sobre el pasado de corrupción del régimen del 90 al 2000 y emprender el rescate de una "mano dura", no importa a qué alto precio moral y político para el país.

Como no lo hizo en la campaña electoral pasada el fujimorismo tampoco estaría interesado ahora en decir cómo gobernaría el país, a sabiendas que no conoce otro estilo que el autocrático. No hay manera de imaginar al fujimorismo llevando las riendas del país democrática e institucionalmente, a menos que revele el saludable compromiso de establecer un punto de quiebre, para no confundirse con el antisistema.

¿Qué son en buena cuenta las corrientes antisistema? Simple y llanamente aquellas que desde las condiciones que brinda el sistema político democrático (vigencia del Estado de derecho, de las libertades civiles y de los derechos humanos) aspiran a secuestrarlo, comenzando, por supuesto, por el secuestro de la voluntad popular, cuyos votos, dirigidos en principio por una alternativa acaban soportando a otra distinta y subalterna.

El señor Ollanta Humala dice ser respetuoso del sistema político democrático, pero ni él ni el Partido Nacionalista pueden asegurar hoy que no harán lo que equivocadamente han hecho hasta hoy Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador o el mismísimo Hugo Chávez en Venezuela.

Si lo aconsejable es no ser ingenuos en política, el gobierno del presidente Alan García tiene el deber de velar por la integridad del sistema político democrático, en el cual descansan nuestras actuales aspiraciones como Estado.

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