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CAMBIO CLIMÁTICO Y LUCHA CONTRA LA POBREZA

Una cumbre de fondo

EDITORIAL

Por David Rivera del Águila. Economista [Editor]

Durante algunos años, quienes se oponían a que un país como el Perú adoptase políticas para cuidar el medio ambiente afirmaban, primero, que una nación en vías de desarrollo no podía darse el lujo de pensar en estos temas sin haber solucionado antes otras necesidades esenciales o vitales y, segundo, que los países desarrollados eran "sinvergüenzas" al pretender exigirnos que comenzáramos a cumplir con ciertos estándares después de que ellos habían dañado el medio ambiente para poder alcanzar los niveles de desarrollo en los que están.

Hoy, la discusión ha cambiado. No es que la mayoría de la población en el Perú ni nuestros políticos consideren el cambio climático como un tema prioritario, si no que la necesidad de cuidar el medio ambiente, así como el impacto económico y social de no hacerlo, tienen un mayor consenso. Como también lo tiene la lucha contra la pobreza.

De lo que no terminamos de tomar conciencia es de la estrecha relación entre ambos aspectos: cambio climático y lucha contra la pobreza, que son los dos temas centrales de la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea que se inicia esta semana en nuestro país y que congregará a unos 47 mandatarios en sus días centrales del jueves y viernes.

Entre quienes creen (que son la mayoría) que el cambio climático es efectivamente un motivo de preocupación global, existe consenso en que los países más afectados serán, lamentablemente y si quieren injustamente, los más pobres del planeta, y dentro de ellos, las personas de menores recursos. En particular, un estudio presentado la semana pasada por la Comunidad Andina calcula que las pérdidas para los países andinos por efecto del cambio climático podría alcanzar en el 2025 los US$30.000 millones al año, un 4,5% de su PBI. Un dato menos frío: al 2020, alrededor de 40 millones de personas podrían estar en riesgo de perder acceso al agua para consumo humano, agricultora e hidroenergía. En términos generales, los efectos del cambio climático pueden terminar revirtiendo los avances en materia de lucha contra la pobreza y de desarrollo que se haya logrado o se logren en adelante.

Y como ya debe haber escuchado (eso esperamos), el Perú será (ya está siendo) el tercer país en el mundo que se verá más afectado, principalmente por la falta de agua, que repercutirá no solo en el acceso a este recurso vital, sobre todo de nuestras zonas rurales, sino que perjudicará además los cultivos agrícolas y acabará seguramente con buena parte de nuestra biodiversidad. ¿Ha escuchado usted que estemos haciendo algo al respecto?

Tenemos que hacerlo. Probablemente la creación del ministerio del medio ambiente se convierta en el primer paso hacia contar con una política frente al cambio climático coherente y adecuadamente financiada. Pero además de lo que nos corresponda hacer a nosotros, los países desarrollados tienen una responsabilidad que asumir frente a quienes enfrentaremos las consecuencias de sus emisiones de carbono.

En este sentido, más allá de la conveniencia de que nos exijan ciertos compromisos (como en el TLC con EE.UU. y en la agenda planteada para esta cumbre), se necesita un acuerdo concreto de los países desarrollados (económico, tecnológico, moral) respecto a la responsabilidad que asumirán por la contaminación ambiental generada y por los efectos que tendrá sobre los más pobres. Asimismo, un compromiso por el valor que tiene que conservemos los últimos pulmones del planeta (los bienes públicos globales). Y los países más afectados y poseedores de una gran biodiversidad como el Perú, no deberíamos quedarnos cortos en exigir dichos compromisos, pues ya hoy hay muchas personas padeciendo los efectos del cambio climático.

Al respecto, el famoso reporte Stern señala que se necesitaría solo del 1% del PBI anual global para enfrentar las catástrofes causadas por el cambio climático, y que si no se hace nada mundialmente, las pérdidas anuales podrían ser de entre el 5% y el 20% del PBI global, un rango bastante amplio. Las naciones andinas y amazónicas podrían recibir miles de millones de dólares de los países industrializados por los servicios que los bosques tropicales dan al mundo entero. Desde nuestra perspectiva constituyen una variable fundamental de negociación con la comunidad internacional que no está siendo aprovechada.

Pero no está siendo aprovechada no solo porque tengamos una especie de complejo de inferioridad para exigir lo que nos corresponde, sino, en este caso en particular, por falta de visión y porque no logramos tomar consciencia de las dimensiones del problema y del valor que hoy tienen nuestros activos para el planeta.

Ojalá que esta cumbre, más allá de una buena imagen, nos deje alguna señal de compromiso de los países desarrollados. Pero sobre todo, que sirva para que nuestros líderes y los de los otros países invitados que también se verán afectados por el cambio climático, se den cuenta de la relevancia de poner el tema en la agenda interna y en la de negociaciones internacionales.

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