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Lo mejor de nuestro Centro de Lima

Una vuelta por el pasado.

CONSTRUCCIONES VIRREINALES, HISTORIAS COLONIALES Y RELATOS QUE AÚN PERDURAN: TODO EN UNA MISMA CIUDAD

Por Jimena Villavicencio

No es necesario ser foráneo para conocer o volver a examinar los recuerdos de nuestra propia ciudad. Por ello, nada mejor que dar rienda suelta a esos imperiosos deseos por descubrir --que siempre emergen en los días feriados-- para darle una mirada a aquel legado colonial, virreinal y republicano de nuestro país. Comenzar por el Centro Histórico de Lima es la solución.

PUNTO DE ATRACCIÓN
Todo viaje hacia el pasado de la Ciudad de los Reyes debe comenzar por encaminarnos a la otra vez llamada Plaza de Armas. Exacto, ya no más Plaza Mayor. Para enrumbarnos hacia allá decídase por una de las arterias más conocidas, aunque la mejor podría ser la Vía Expresa o la prolongación de la avenida Arequipa para así poder apreciar aunque sea de manera escueta el Parque de la Reserva, con sus piletas que se ven desde afuera, y el parque de la Exposición.

Una vez ya instalados en el epicentro de la plaza, uno puede observar con detenimiento la Catedral de Lima, y su entrada con tres puertas. A pesar de sus numerosas reconstrucciones, la basílica sigue guardando la misma ubicación desde 1535.

A su lado se puede apreciar la Casa del Oidor y sus balcones de la época, que la convierten en la construcción más antigua de la misma plaza. Asimismo, el Palacio de Gobierno, lugar en donde se ubicó la casa de Pizarro. Lo ideal es intentar llegar al mediodía para poder apreciar el cambio de guardia a cargo de los vistosos y tradicionales Húsares de Junín.

Por otro lado, las construcciones aledañas son dignas de nuestra atención. La Municipalidad de Lima con sus balcones es representativa de la arquitectura, al igual que el legendario Club de la Unión. Es en este lugar donde uno puede aprovechar para darle una mirada al paseo Santa Rosa y, si gusta, entrar a almorzar a uno de los modernos restaurantes que hay en su interior.

Luego de ello le recomendamos ingresar de manera obligatoria al recinto de la Catedral en donde apreciará los variados estilos arquitectónicos que posee, entre ellos el barroco (el más antiguo) y el neoclásico. Se torna necesario en este caso hacer la visita con alguna guía turística. Si no va como parte de un grupo, tiene la opción de tomar un guía de manera particular (el monto del servicio lo dejamos a su voluntad). Solo de esta manera podrá adentrarse verdaderamente en la historia del recinto.

Sus numerosas capillas, las cuales fueron diseñadas en las laterales de la construcción, llevan en sus cimientos historia propia. La primera, que se encuentra a la mano derecha y que, por cierto, es la más moderna, es donde se encuentran los restos del fundador Francisco Pizarro. Otras hacen honor a los santos peruanos, pasando por la capilla de Nuestra Señora de la Evangelización.

Luego, diríjase al museo que se encuentra al lado izquierdo, es fundamental. Allí podrá descubrir el grado de riqueza que ostentó la Iglesia Católica, con las numerosas piezas hechas en oro y los cuadros, muchos pertenecientes a la Escuela Cusqueña. Finalmente, en el Patio de los Naranjos, una tienda y cafetería han sido instalados recientemente.

LO IMPERDIBLE
Luego de pasear por la iglesia más importante del país, toca el turno a algunas otras que no por el hecho de no tener la nominación de catedrales son menos interesantes. La primera de ellas, el Convento de San Francisco, es la más requerida dentro de los tours por el centro. El motivo principal: sus notables catacumbas, que con sus laberínticos pasadizos y los restos de 25.000 personas no dejan de sorprender.

Ahí lo recomendable también es visitar su biblioteca, que es de uso gratuito y que sigue albergando ediciones de corales y misales desde los siglos XVII. Asimismo, su ermita y su segundo piso guardan la historia de los centenares de padres franciscanos que se instalaron aquí para convertirse en guardianes de la capilla. A su salida, no dude en darle de comer a las aves que se posan siempre en su plazoleta exterior.

Luego, pasar por el Convento de Santo Domingo se torna inevitable. Más aun si uno conoce y ha escuchado las historias de Santa Rosa y de San Martín de Porres, cuyos cráneos se atesoran dentro de sus columnas. Otra iglesia que no pasa desapercibida es la de San Pedro --en la cuadra 4 del jirón Ucayali--, ya que sus revestimientos de pan de oro son motivo suficiente para visitarla. Y si tiene la posibilidad de conocer la Capilla de la O ubicada en el interior, mucho mejor.

ESTILO NOBILIARIO
Después de realizar una visita por todos los íconos eclesiásticos, es momento de pasar por los recintos que fueron en su tiempo lugares con importancia política y social. El primero de ellos, por su cercanía a la Plaza de Armas, debe ser la Casa Aliaga (Jirón de la Unión 224). Es en este lugar donde uno puede respirar toda la reminiscencia virreinal y riqueza de inicios de la República. Más aun si sabemos que guarda reliquias traídas desde todo Europa, incluidos los primeros azulejos que llegaron a nuestro país.

Las historias de la casa se tornan indispensables para el recorrido, ya que tener el honor de ser la única residencia de la época que sigue siendo habitada por la descendencia del dueño original, el capitán Gerónimo de Aliaga y Ramírez, es todo una aventura. Retratos de la familia, arañas hechas originalmente para ser usadas a gas y la única capilla dentro de una vivienda que fue autorizada por el papa Pío IX para ser usada para misas y bautizos no son ítems que puedan ser dejados de lado.

Finalmente, una visita por el Centro de Lima que tenga como concepto recorrer los pasos de la historia del país no puede finalizar sin recorrer, aunque sea de manera externa, el Palacio Torre Tagle, la casa de Goyeneche (exactamente frente al Palacio de Torre Tagle), la Casa Osambela, ubicada en el Jirón Conde de Superunda, a dos cuadras de la Plaza de Armas, la Plaza San Martín, el Jirón de la Unión, entre otros, que no hacen más que hacernos notar aquella reminiscencia de reinado que desde antes de nuestros primeros años de independencia tuvo esta Ciudad de los Reyes. Un privilegio que pocos pueden detentar.

LAS LUCES DE NOCHE
Las opciones diurnas no son la única alternativa para conocer nuestro centro. Los recorridos nocturnos se tornan cada vez más pedidos y estos días en donde el tráfico se presume que esté más tranquilo pueden ser una opción. Aquí, el concepto es pasear a pie por las plazas e iglesias y gozar de su arquitectura con la iluminación que tanto asombra a propios y extraños. Eso sí, la entrada a los lugares es restringida.

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