Por Raúl Cachay A.
Vista en retrospectiva, la carrera de Frank Sinatra no solo es admirable por la ingente cantidad de clásicos que emergieron de su prodigioso aparato fonador. Tampoco por sus papeles en filmes inolvidables, sus escarceos y coqueteos con divas de Hollywood y capos de la mafia o sus correrías con los 'party animals' del Rat Pack. Sin Sinatra la música pop, tal y como la conocemos hoy, no sería lo mismo: la dinámica de la industria discográfica, la formación de un 'star system' que la sostenga, la figura del 'crooner' como compendio absoluto de las virtudes y vicios de las megaestrellas de la canción Todo eso empezó con Sinatra. Antes, mucho antes, de las caderas endemoniadas de Presley, la amable rebeldía de Lennon y McCartney, la poesía de Dylan
Por eso vale la pena celebrar su legado hoy, cuando se cumple nada menos que una década de su partida. Cuenta la leyenda que las últimas palabras que pronunció el segundo cantante más importante de la historia de la humanidad (después de Elvis, con todo respeto) fueron: "Estoy perdiendo". Se equivocó. El tiempo ha demostrado que la muerte fue solo un accidente sin importancia en su ascenso vertiginoso hacia la cumbre más alta del Parnaso que acoge a los artistas que hicieron que la existencia de los hombres fuera un poco mejor.
Un dato para los amantes de Sinatra: hoy no se despeguen de la televisión. El canal TMC (52 de CM y 505 de Direc TV) ha programado, desde la 1:15 p.m., una maratón de cintas protagonizadas por Sinatra, desde "Un día en Nueva York" hasta "Sus dos cariños".
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