Por Alberto Servat
Para los hermanos Pevensie la vida lo es todo, menos aburrida. Ellos han descubierto la entrada a un mundo de fantasía donde todo es posible. Tanto así que los cuatro son reyes de un mundo llamado Narnia. Ya los hemos visto enfrentarse en ese escenario a la temible Bruja Blanca, en la primera entrega cinematográfica de "Las crónicas de Narnia", titulada "El león, la bruja y el armario" (2005). Ahora, el mismo equipo vuelve con "El príncipe Caspian", que se estrena hoy en todo el mundo.
APUESTA MILLONARIA
El prestigio literario de "Las crónicas de Narnia", una serie de siete volúmenes escritos por C.S. Lewis entre 1950 y 1956, se convirtió en un proyecto cinematográfico difícil de hacerse realidad, debido a las exigencias del relato. Pero, tal vez animados por el éxito de "El Señor de los Anillos" y "Harry Potter", los productores decidieron que era el momento de embarcarse en la empresa y el resultado del primer filme fue un tremendo éxito de taquilla.
La apuesta era una: crear un mundo imaginario donde cuatro niños se convirtieran en héroes, apoyados más en sus dones espirituales que en sus capacidades físicas. Los tremendos dilemas morales que viven en las novelas también fueron llevados a la pantalla, aunque no precisamente como base de sus acciones, sino más bien como complemento de sus personalidades.
Ahora, tratando de emular sus propios logros, el equipo productor de "Las crónicas de Narnia", con el director Andrew Adamson a la cabeza, lanza "El príncipe Caspian". La acción transcurre en dos tiempos: uno, aparentemente al día siguiente del primer filme, se desarrolla en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial; el segundo sucede en la tierra de Narnia, 1.300 años después de la primera aventura. Allí volvieron los héroes del cuento para ayudar al fugitivo príncipe Caspian a recobrar a su reina y devolver la paz a Narnia.
La Disney no ha escatimado recursos y ha llevado a sus estrellas por diversos escenarios alrededor del mundo para promover el filme. Nos tocó asistir al estreno en Ciudad de México, donde descubrimos que Anna Popplewell y William Moseley, dos de los hermanos Pevensie, ya no son unos niños.
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