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El TLC con Europa no puede ser una trampa

Por: Juan Paredes Castro |

Aquello de que los países de la Comunidad Andina pueden negociar un tratado de libre comercio con Europa solo en bloque y no individualmente no fue, por si acaso, un invento del otro lado del Atlántico, sino de este lado del mundo, más concretamente de la propia CAN.

De ahí que los peruanos no podamos reclamar a los europeos un cambio en las reglas de juego que nosotros mismos contribuimos a construir, inspirados tal vez en una mal entendida solidaridad andina que, a estas alturas, con las posiciones intransigentes de Bolivia y Ecuador, no nos sirve de nada.

Para nadie es un secreto que Bolivia y Ecuador, en el fondo, no solo no quieren un TLC con Europa, sino que tampoco quieren que el Perú y Colombia lo tengan. En esta absurda trampa juega sin duda el compromiso bajo la mesa que los gobiernos de ambos países parecen tener amarrado con el líder de los anti-TLC en América Latina: Hugo Chávez.

Hubiera sido sin duda extraordinario que las negociaciones en bloque de la CAN con la Unión Europea no tuviera ninguna interferencia y que, por el contrario, fluyeran en dirección expeditiva de un acuerdo. No obstante, a la luz de lo que viene ocurriendo hasta hoy, países como el Perú y Colombia, empeñados en ampliar libremente sus mercados de comercio e inversiones, tropiezan permanentemente con la trampa de la CAN.

Alguien preguntará, por supuesto, por las evidencias o pruebas de esta trampa política. Las evidencias y pruebas bastan y sobran en todos y cada uno de los actos bolivianos y ecuatorianos absolutamente inflexibles, que acaban por arruinar las flexibles estrategias en las que está empeñado el Perú por amor a la diplomacia y a las buenas maneras bilaterales. Claro que estas buenas maneras bilaterales no tienen por qué encerrar al país en un túnel sin salida.

Sin embargo, ya son varios los países europeos, entre ellos Alemania y España, que piensan decididamente en apoyar la suscripción de tratados individuales de libre comercio con la Unión Europea, como lo consiguió en su momento Chile, que tenía, como es obvio, la ventaja de no lidiar con ningún incómodo corsé.

Si empiezan a abrirse estas puertas, como la alemana y española, caeríamos en la tontería más grande si no impulsamos mañana mismo a una estrategia distinta en materia de nuestras negociaciones de un TLC con Europa.

Ello supone, por cierto, revisar profundamente la voluntad política del Gobierno Peruano, que, al decir del presidente Alan García, ya habría agotado su tiempo de paciencia respecto de las actitudes de Bolivia y Ecuador, y estaría hasta dispuesto, dadas las condiciones andinas de punto muerto, a abandonar la trampa de la CAN para recobrar la libertad de negociar comercialmente con los países y los bloques que más favorezcan a sus intereses.

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