Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial
VARSOVIA. Llegó la hora del retorno. Cada vez más polacos que dejaron su país en busca de un futuro mejor en otros países europeos deciden emprender el regreso. Los convoca su propio gobierno angustiado por la falta de mano de obra en sectores como la construcción, la industria metalúrgica o la sanidad. En Irlanda y Gran Bretaña, el Gobierno Polaco despliega ya campañas para explicar a los trabajadores los incentivos (préstamos, amnistía fiscal...) pensados para acabar de persuadirlos. En breve será el turno de Bélgica (donde viven alrededor de 100 mil polacos).
El paulatino retorno de quienes integraron la diáspora laboral polaca es quizá la prueba más palpable de lo que sucede en este país centroeuropeo de 40 millones de habitantes. Mientras que la mayoría de países europeos sufre de porcentajes de crecimiento raquíticos, el país de Juan Pablo II y Lech Walesa crece a un ritmo de 6% anual. Desde el ingreso al selecto club de la Unión Europea (UE) en el 2004, las exportaciones polacas se han duplicado y se ha cuadruplicado la absorción de inversiones extranjeras. Con respecto al 2003, el desempleo se ha recortado a la mitad y se ubica hoy en torno al 10%. En 15 años más Polonia alcanzará a tener el PBI promedio de la UE, es decir, sus ciudadanos tendrán el nivel de vida de países como Francia o Alemania.
El milagro polaco no se produjo de la noche a la mañana, pero tampoco tomó medio siglo en fraguarse. Para la transformación profunda de Polonia se necesitaron 20 años. En 1989, presionados por el reclamo de vastos sectores de la sociedad, los comunistas entregaron a la oposición gran parte del poder absoluto que ejercían apoyados por el Kremlin. Las elecciones llevaron al poder a nuevas fuerzas políticas que, además de sacar a la economía de la bancarrota, se propusieron mantener a Polonia fuera de la esfera de influencia de Moscú y devolverla al corazón de Europa.
LA REFORMA
Con la retirada de los comunistas, las autoridades polacas y el ciudadano común y corriente pudieron manifestar en voz alta el anhelo de que el país se encaminara a formar parte de la UE. "Vivimos tiempos muy difíciles porque el proceso de modernización que se iniciaba en el país también trajo consecuencias negativas: la industria tradicional colapsó, se dispararon los precios y el desempleo", cuenta Sidonia Jerzejewska, en la actualidad subsecretaria de Estado para la Integración Europea. "Pero la perspectiva de la adhesión a la UE nos motivó. La UE con sus exigencias, sus normas, su forma de organización nos planteó un desafío que constituyó una tremenda fuerza modernizadora", explica.
En 1992 Polonia logró firmar su primer acuerdo de asociación con Bruselas y en consecuencia los cambios se aceleraron. La apertura de la economía y la creación de un orden legal estable, sumado a las ventajas comparativas del país (situación geográfica y mano de obra formada y barata), comenzaron a atraer ingentes inversiones.
Adam Podova, fundador y gerente de una empresa polaca del sector de la alimentación, recuerda muy bien esos años: "A partir del 96 pude modernizarme cada año. Las condiciones para invertir estaban dadas. Pude acceder a fondos de la UE porque estaba dispuesto a innovar y trabajar conforme a sus estándares más exigentes". En el 2005, la empresa de Podova pasó de ser pequeña a mediana: "En 1996 producía 3 mil toneladas métricas de concentrados de manzana y empleaba a 30 personas. Hoy produzco 20 mil toneladas métricas y doy trabajo a 90 personas". Los obreros de la planta pasaron de ganar entre 300 y 400 euros a cobrar 850 y Alpex ha conquistado importantes mercados: exporta a la UE, EE.UU. y Japón.
RESULTADO DE LA ADHESIÓN
Con su ingreso a la UE, en el 2004, se abre para Polonia el maná de los fondos estructurales (destinados a hacer converger el nivel de vida de los nuevos miembros con el promedio europeo) y de la PAC (Política Agraria Común). "Hoy en día un quinto del presupuesto polaco se decide en Bruselas", señala Jerzejewska, para dar a entender la envergadura del aporte de la UE. El grueso de los fondos estructurales se invierte y se invertirá en infraestructura. "Queda muchísimo por hacer, debemos construir aeropuertos, debemos mejorar y expandir nuestra red vial y ferroviaria. El resto del dinero sirve para apoyar proyectos innovadores en la industria, para mejorar los servicios de comunicación y para invertir en el capital humano", resume.
Por su parte, Malgorzata Krzysztofek, directora del Departamento de Análisis Económicos de la Confederación Polaca de los Patronos Polacos, considera preocupante que el país destine actualmente solo el 0,56% de su PBI a la investigación y desarrollo (I+D).
La subsecretaria de Estado para la Integración Europea considera que si se mantiene el ritmo de crecimiento actual (es decir entre 5% y 6%), Polonia será capaz de alcanzar el PBI promedio de la UE en unos 20 años. "El reto actual es mantener el entusiasmo y aprovechar al máximo las oportunidades que brinda la integración", juzga. "Y esto vale no solo para Polonia. No olvidemos que los fondos estructurales también ayudan a los antiguos Estados miembros: por ejemplo, por cada euro que aporta para el desarrollo de sus vecinos de Europa central y del este, Austria recibe 5 euros de vuelta". Jerzejewska se refiere a las ganancias que las empresas austríacas obtienen gracias a la apertura de nuevos mercados y a su participación en la construcción de las nuevas infraestructuras. "Este proceso (el de la integración) es de doble vía. Polonia no solo recibe, también da", concluye.
CLAVES
Beneficios de la unión. Polonia es el primer receptor de fondos estructurales de la UE. En el período 2007-2013 recibirá de Bruselas 67,5 mil millones de euros por este concepto.
Cifras a favor. Las inversiones extranjeras directas en Polonia pasaron de 3,7 mil millones de euros en el 2003 (antes de la adhesión) a 12,8 mil millones de euros en el 2007.
Sector importante. Como ayuda a los agricultores y el desarrollo rural, Polonia recibirá en el mismo período 30 mil millones de euros.