Se acabó la V Cumbre ALC-UE, se fueron los presidentes y representantes de 57 países de América Latina, el Caribe y Europa --solo quedó en visita oficial Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil-- y podemos decir, con orgullo, que los peruanos estuvimos a la altura de las circunstancias.
La gente, en líneas generales, se portó bien y dio una buena imagen del país, no obstante la Cumbre de los Pueblos, cuya realización asustó a muchos, pero que en la práctica se desarrolló sin contratiempos.
La oferta cultural a la que tuvieron acceso nuestros ilustres invitados fue de primera. La exhibición en Palacio de Gobierno, en la que se lucieron el ritmo negro, la marinera norteña y las danzas de la sierra, fue muy apreciada y celebrada por los visitantes. Además, la papa se erigió en protagonista y símbolo de la lucha contra el hambre en el mundo.
Claro que el éxito habría sido redondo si las obras en la capital se hubieran hecho con planificación y no en el mismo año de las cumbres. El cierre de calles, por motivos de seguridad, habría afectado menos y los limeños no hubiésemos terminado como cuyes en feria con tantos desvíos.