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¿NUEVA PRESIÓN SOBRE EL VALLE DE LURÍN?

Promueven un parque industrial y lujosos condominios en Pachacámac

Propietarios quieren cambiar zonificación de la quebrada de Tinajas para construir. Nueva zona urbana traería más conflictos por el agua, advierte especialista

Por Fabiola Torres López

Un camino cubierto de arena blanca, conocido como la antigua carretera a Huarochirí, nos conduce hacia la quebrada de Tinajas de Pachacámac, quieto paraje con aún escasas viviendas que se ha convertido en la tierra prometida de pequeños empresarios industriales y familias interesadas en condominios ecológicos.

Hasta el 12 de enero pasado, la quebrada de Tinajas era un conjunto de tierras escondidas en un extremo del mapa de Pachacámac, pero con la publicación de la Ordenanza 1117 se le considera hoy una zona de tratamiento especial con fines de protección ambiental y de reserva urbana. Su definición es aún imprecisa, ya que el Instituto Metropolitano de Planificación (IMP), organismo de la Municipalidad de Lima, aún estudia el uso que tendrá el suelo de estas tierras.

Por lo pronto, la Asociación de Micro y Pequeños Empresarios Industriales Pachacámac-Cieneguilla (Ampeihipac) ha solicitado formalmente al concejo limeño un cambio de zonificación específico en 89,23 hectáreas de propiedad de Williams Moisés Herrada Rubio, quien compró en 1999 estos terrenos a la comunidad de Cucuya y trabaja actualmente con un grupo de microempresarios israelíes del parque industrial de Villa El Salvador.

En esa misma zona, ubicada a la altura del kilómetro 25 de la antigua carretera a Huarochirí , hay letreros de futuros condominios con arquitectura de inspiración oriental que se pretenden construir en las laderas de Tinajas. "Todo ya está separado", nos dice un vigilante del lugar y señala los lotes trazados con tiza blanca en el cerro.

Lo dice por el proyecto de condominio La Raya, el cual pertenece a la Asociación Ecológica La Raya y la Sashavaca, dueña de 140 hectáreas. Este grupo, que en sus estatutos afirma promover una cultura ecológica y los deportes de aventura, tiene actualmente 380 miembros para un igual número de viviendas. Según Iago Masías, director secretario de la asociación, dos tercios del terreno se reservarán para áreas verdes.

Delante del condominio La Raya, que ocupa las laderas, se encuentran terrenos con algunas viviendas levantadas por la Cooperativa de Vivienda y Bienestar Social Cieneguilla.

HABILITACIÓN URBANA
Para que cualquier proyecto prospere en esta zona, las municipalidades de Pachacámac y de Lima deben dar su aprobación. El parque industrial y los condominios ecológicos solo procederían si la zonificación --que aprobará el Instituto Metropolitano de Planificación en las próximas semanas-- permite estos usos.

La Asociación Ecológica La Raya y la Sashavaca solicitó a la Municipalidad de Pachacámac el permiso de habilitación urbana de sus terrenos hace ya más de un año. Sin embargo, tanto la antigua como la nueva Ley de Habilitaciones Urbanas exigen el certificado de zonificación y vías como requisito para que una municipalidad otorgue el permiso de habilitación urbana.

Juan Carlos Montalvo, gerente de Desarrollo Urbano y Rural de Pachacámac, sostiene que la solicitud de dicha asociación está en trámite hasta que haya zonificación. "El concejo debe reunirse para emitir una opinión sobre la futura zonificación. Lo haremos tomando en cuenta los impactos ambientales y viales", dice Montalvo, aunque no pudo precisar la fecha de esta reunión.

Los intereses creados sobre la quebrada de Tinajas de Pachacámac, ubicada en la cabecera de la cuenca de Lurín, generan diversas preocupaciones para el Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA). Su directora Ejecutiva, Anna Zuchetti, sostiene que abrir una nueva zona de expansión urbana, como lo ocurrido en la quebrada de Manchay, representa una nueva presión sobre el valle de Lurín, el último pulmón verde que le queda a Lima.

¿DE DÓNDE SE SACARÁ AGUA?
Aunque Clemente Torres, presidente de la asociación de pequeños empresarios que promueven el parque industrial, sostiene que su proyecto está alejado de la población y que se trata de industria liviana como la carpintería, Zuchetti explica que no es un problema de lejanía o cercanía del valle verde, sino de articulación con el mismo.

"Un parque industrial o un condominio no puede ser una isla. Estos necesitan agua, electricidad, accesos adecuados para el transporte y otros servicios que crearán nuevas presiones", insiste. De hecho, el agua ya es una problema. La cuenca del río Lurín, como la del Rímac y Chillón, está agotada en términos hidrológicos, es decir, no tiene agua suficiente para atender todos los usos (consumo humano, agrícola e industrial) de manera sostenida, según el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena).

No obstante, para dar agua a las aproximadamente 50.000 personas que viven en la quebrada de Manchay, Sedapal instala en el valle de Lurín media docena de pozos tubulares que extraerán el recurso hídrico de la napa freática para derivarlo, a través de casi 40 kilómetros de tuberías y una docena de cámaras de bombeo, hacia Manchay. Ello ha generado un conflicto con la Junta de Riego de las Cuencas Lurín-Chilca que advierte que los pozos tubulares de Sedapal podrían secar los pozos artesanales que los agricultores emplean para el riego durante la época de estiaje.

"¿De dónde se sacará agua para un parque industrial y un nuevo bolsón urbano?", pregunta Zuchetti, quien plantea que la quebrada de Tinajas se mantenga como una zona de amortiguamiento o sin uso.

En noviembre pasado, Sedapal, organismos ambientales y los regantes crearon una mesa de trabajo para evaluar el recurso hídrico de la cuenca de Lurín, pero hasta el momento no reportan avance alguno.

Carmen Felipe-Morales, del Instituto de Promoción para la Gestión del Agua (Iproga) y coordinadora de la mesa, sostiene que está entrampada la elaboración de un estudio hidrológico de la cuenca del río Lurín que determine su disponibilidad hídrica. "Lo debe hacer Inrena y financiar Sedapal, pero por burocracia nada avanza", afirma. Por ello, para aprobar la nueva zonificación de la quebrada de Tinajas, la Municipalidad de Lima tendrá que evaluar los impactos que generará su posible ocupación .

Fábricas de Lurín deben mostrar PAMA
El distrito de Lurín se declara ecológico y turístico, pero la verdad --en los hechos-- ha optado por ser industrial. Esto no es malo necesariamente, si las industrias se ubican en lugares adecuados y con prácticas adecuadas. La Ordenanza 1117, aprobada el 12 de enero pasado, establece que, para salvaguardar posibles riesgos de contaminación ambiental y seguridad física interna y del entorno, las instalaciones industriales existentes en el trapecio de Lurín, el entorno del Parque Industrial San Pedro y de Conchán, deberán contar con Programas de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA).

"Ahora solo esperamos que respeten la zona de amortiguamiento alrededor del santuario de Pachacámac y no la conviertan en otro Ate -Vitarte", sostiene Anna Zuchetti, directora ejecutiva del Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA).

La zona de Huertos de Lurín y Huertos de Villena, así como de los centros poblados rurales La Libertad e Inmaculada Concepción, solo permitirá usos de vivienda unifamiliar, huertas viveros, actividades agrícolas, servicios turísticos y recreativos. Asimismo, se promoverán actividades productivas propias de la población residente como artesanía, huertas y granjas.

EN PUNTOS
4En varios avisos publicados en Internet se ofrecen lotes de 1.024 metros cuadrados en la quebrada de Tinajas entre 6.000 y 8.000 dólares. Además, los propietarios tienen que pagar 2.000 dólares por la instalación de luz, agua y desagüe.
4En la Ordenanza 1117 se aprueba solo usos para la parte baja de la quebrada de Tinajas. Se permiten usos de vivienda unifamiliar, conjuntos residenciales, comercio local y equipamiento urbano menor. Sin embargo, los terrenos que se ofrecen por Internet pertenecen a la parte alta y allí aún no hay zonificación aprobada.

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