Culminó la V Cumbre ALC-UE, que reeditó exitosamente en Lima el encuentro de mandatarios y jefes de Gobierno de los países de América Latina, el Caribe y la Unión Europea. Y aquí vio la luz la Declaración de Lima, con compromisos específicos que deben merecer el seguimiento respectivo en ambas regiones y en las agendas nacionales de los países participantes para poder beneficiar a los habitantes a uno y otro lado del Atlántico.
Antes que nada, debemos reconocer el arduo trabajo de organización y logística, sobre todo del Gobierno, que dejó bien puesto el nombre de nuestro país y repercutirá en la buena imagen y los indicadores turísticos.
Asimismo, tenemos que remarcar la vocación hospitalaria y amistosa de los peruanos. Felicitamos el comportamiento y la comprensión de la mayoría de ciudadanos, que soportaron una serie de incomodidades, en el entendido de que es la cuota a asumir por los beneficios que la cumbre podrá traer para todos en el futuro mediato.
Junto con ello, es destacable el alto nivel en que se desarrolló el diálogo político en la cumbre, tanto dentro como fuera de los grupos de trabajo. Con madurez, se dejó de lado las estridencias y las declaraciones rimbombantes, para aplicarse a analizar las materias principales de la agenda.
TLC Y PRIORIDAD DE LA LUCHA CONTRA LA POBREZA
Uno de los puntos más trascendentales, sobre todo para el Perú, aboga por la conclusión en el 2009 de las negociaciones entre la UE y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) para lograr un Acuerdo de Asociación Estratégica "tomando en cuenta las asimetrías entre y al interior de las regiones y la necesidad de flexibilidad, según corresponda, por parte de la UE".
Como telón de fondo está la diferencia de perspectivas para negociar un tratado de libre comercio. La UE da prioridad a negociar en bloque con la CAN, pero dentro de esta última hay fricciones insalvables entre Perú y Colombia, por un lado, que adhieren a la economía de mercado, y Bolivia y Ecuador, por el otro lado, que se han plegado al proyecto estatista y confiscador que propugna Hugo Chávez. Que la UE se abra finalmente a la posibilidad de apreciar estas diferencias es un logro importante que debiera tener un correlato positivo en el mediano plazo.
Luego, otros temas que merecieron prioridad fueron la lucha contra la pobreza, el cambio climático y problemas energéticos, que afectan principalmente a los países americanos pero también a los europeos.
En todo ello, la Declaración de Lima incluye importantes acuerdos que benefician al ciudadano de a pie, en especial con políticas sociales que deben cumplirse como máximo en el 2020.
CANJE DE DEUDA POR INVERSIÓN SOCIAL
En cuanto a los países latinoamericanos deben trabajar en "universalizar el acceso a servicios de agua potable y saneamiento", erradicar la desnutrición infantil, el analfabetismo, universalizar la atención a la madre gestante, incrementar las tasas de empleo y mejorar las condiciones de vivienda de los grupos más vulnerables.
¿Cómo se logrará esto? Pues, aparte de la voluntad política de los gobernantes, se ha avanzado en tratativas para lograr el consiguiente apoyo financiero de los europeos, por ejemplo a través de medidas innovadoras como el "canje de deuda por inversión social (en salud, acceso al agua potable, educación y vivienda, entre otras)".
Asimismo, se ha acordado fomentar el bienestar para alcanzar sociedades más inclusivas y cohesionadas, lo que implica trabajar por la igualdad de oportunidades.
URGENTE: SEGUIMIENTO EN AGENDAS NACIONALES
En cuanto al cambio climático, los presidentes se han comprometido a promover la diversificación de fuentes de energía y se ha puesto las bases del proyecto Euroclima, como mecanismo de intercambio de información sobre al cambio climático en América Latina, para ser aplicado "sin perjuicio de las respectivas políticas nacionales".
Concluida la cumbre, debemos hacer hincapié, como lo ha hecho el presidente Alan García, en la necesidad de instaurar mecanismos de seguimiento, lo que podría ser semestral y a cargo de los representantes de los próximos anfitriones de las cumbres, Argentina y España.
Pero, para que todo ello sea viable y fructificador, es también imprescindible que las conclusiones de la cumbre sean debatidas e incorporadas a las agendas nacionales de cada país, en acuerdos concretos que exigen consensos democráticos.
En tal perspectiva, para el Perú resulta urgente la participación activa de los parlamentarios, de las fuerzas políticas, de la sociedad civil y también de los agentes económicos, cuya exitosa Cumbre Empresarial debe tener correlato práctico.
De todos depende que la Declaración de Lima deje de ser una declaración para convertirse en proyectos concretos, con financiamiento y plazos, que marquen la diferencia en la calidad de vida de todos los ciudadanos.