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El síndrome de la 'presidencialitis' en el Congreso

Por: Juan Paredes Castro |

Como la dinámica política del país tiende cada vez más a avanzar que a retroceder, el Congreso de la República debería esta vez invertir lo que habitualmente ha hecho cada año.

Se trata de la necesidad de construir un consenso legislativo básico para fijar un núcleo de metas y objetivos prioritarios y en relación con ello recién elegir al presidente, a la Mesa Directiva y a los titulares y miembros de comisiones del Congreso.

Como la renovación de cargos y funciones dura un año, las metas y los objetivos podrían fijarse por cada legislatura. Es decir: de julio a diciembre, primero; y de marzo a junio, después, principalmente si se trata de reformas constitucionales que requieren de la aprobación en dos legislaturas consecutivas.

Es una manera de poner los caballos delante de la carreta en un poder del Estado en el que se requiere un responsable compromiso de prioridades y una planificación más ordenada y sistemática del trabajo legislativo. La presidencia, la Mesa Directiva y el cuerpo de comisiones tendrían que ser elegidos para movilizar esta nueva tarea del Congreso, con cargo, claro, a presentar resultados, pero también a ocuparse de un día a día controlador y fiscalizador del Gobierno y del Estado.

Recuérdese que a las prioridades y obligaciones propias del Parlamento se suman aquellas otras que a este le imponen el Ejecutivo y el Poder Judicial. Por consiguiente, las tareas del Legislativo no tienen que comenzar y terminar en elecciones internas y en el reparto de poder dentro del hemiciclo sino en compromisos, resultados y rendición de cuentas que tienen que ver con el interés ciudadano y el servicio al país.

La 'presidencialitis' y 'vicepresidencialitis', sea por la Mesa Directiva, sea por las comisiones, ya vienen quitándole el sueño a la mitad de miembros del Congreso. La otra mitad, si bien duerme mejor --quizá por mayor experiencia política--, tampoco descuida cada tramo de las cuotas de poder que aproximan o alejan sus posibilidades de estar en el centro del escenario.

Sería realmente aleccionador que el Congreso nos diera una sorpresa de cambio de actitud respecto de las tradicionales ambiciones políticas de sus miembros, haciendo prevalecer las metas y los objetivos prioritarios de su trabajo por sobre las designaciones que, a su vez, tendrían que responder a ese cambio de actitud.

No es que apristas, pepecistas, humalistas y fujimoristas tiren sus cartas a la mesa para arreglar la mejor baraja a sus intereses. Importa más jugar al póker del país y con todos los ases del país.

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