Por Abelardo Sánchez León
Tengo entendido que Keiko Fujimori, la congresista más votada, está siguiendo un curso de posgrado en Estados Unidos. ¿Una maestría? ¿Un doctorado? ¿Qué fue lo que estudió hace algunos años con el dinero de su papito o con el nuestro, vaya uno a saber? ¿Un curso de gobernabilidad, quizá, al estilo del curso que dictaba Alan García en compañía de varios intelectuales en la Universidad San Martín? ¿Estará estudiando un curso rápido, como los hay de lectura veloz, para ser presidenta del Perú en el 2011? ¿Lourdes le dejará la posta a esta chinita ambiciosa y desmemoriada? ¿Quizá piensa que irá a aprender lo elemental del machiavelismo, aunque aquello lo conozca de memoria a través de los cursos intensivos que ha recibido gratis, eso sí, de parte de su padre, de su asesor Vladimiro Montesinos y de su publicista Carlos Raffo?
Quizá, no estoy tan al tanto, ha venido de vacaciones y lo ha hecho justo con el asunto de la cumbre, ya sea para pasar desapercibida o para reunirse con uno que otro dignatario pragmático y hacer juntos planes en el futuro. Alan García estaba tan absorto, contento y egocéntrico con el asunto de la cumbre, que se le debe de haber pasado su presencia en Lima. ¿Habrá pedido licencia sin goce de haber? ¿Cree usted que Keiko sea tan considerada con sus electores? ¿Qué ha hecho Keiko en el Congreso? El Congreso no es mi fuerte, pero no recuerdo intervenciones de ella, no conozco su capacidad de argumentar o su oratoria o su campo de interés. ¿Cuál es su perfil profesional? ¿Sus estudios, que ya son varios años en el asunto, la conducen inexorablemente a Palacio de Gobierno? ¿De qué estudios se trata? ¿Sabrá quién fue Pizarro, Francisco, no Claudio, conocerá sus disputas con Almagro y habrá analizado su muerte agobiado por el poder?
La mejor defensa es el ataque, eso lo saben los políticos, los amantes y los entrenadores de fútbol. Estoy seguro de que la estrategia fujimorista, ahora que su líder se encuentra relativamente contra las cuerdas, y algunos diarios afirman que está enfermo, es el contraataque de cara a las elecciones del 2011. ¿La carta? Keiko Fujimori, casada con un gringo, al más puro estilo de Madame Butterfly, sin la música de Giacomo Puccini, por cierto. Cierro los ojos y me la imagino, más bien, en el escenario de una ópera bufa, cimbreando la cadera al ritmo del chino, vociferando consignas, trazando el objetivo político de liberar a su padre. En la cita del APEC quizá vuelva a venir de vacaciones y hable con algunos de los socios que protegieron a su papá. En fin, habla inglés, entiende japonés y algo de castellano debe recordar. Me muero de ganas por saber qué está estudiando.