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¡Quién nos salva de los elegidos!

Por: Juan Paredes Castro |

Que un congresista como el señor Miró Ruiz Delgado, del Partido Nacionalista, haya acabado a balazos con la vida de un perrito Schnauzer, ni siquiera en defensa propia sino de sus patos, es una señal alarmante de los terribles engendros que el voto ciudadano puede llevar, sin proponérselo, a la función pública, y, lo que es peor, a gran distancia del brazo de la justicia.

En su caso, la pérdida de control sobre sí podría arrastrarlo, en cualquier otra circunstancia, a desbordes de ira y agresión eventualmente mayores y contra personas tan absolutamente indefensas como el animalito de marras.

Este tipo de inconducta podría no motivar más que una preocupación policiaca si ella no estuviese rodeada de las "garantías" parlamentarias que ya conocemos, lo que debe recordarnos la necesidad de reclamar mecanismos constitucionales, legales y electorales más eficaces para defendernos mejor de la inmunidad y la impunidad de los elegidos.

Lamentablemente, la lenta modernización de las democracias, principalmente en América Latina, fortalece la inmunidad e impunidad de los elegidos y consiguientemente a debilitar los controles y las sanciones sobre estos.

No es casual que, ante la incompetencia de las intermediaciones institucionales de fiscalización del poder político, la prensa se haya convertido en fuente y caja de resonancia de los ciudadanos que buscan hacer valer sus derechos y denuncias y protegerse de los abusos de la burocracia gubernamental.

Tampoco es casual que los regímenes que se sirven del voto ciudadano para secuestrar sus finalidades más nobles persigan imponer controles y restricciones a la libertad de prensa.

Hemos visto muy de cerca cómo los signos de criminalidad en los aparatos legislativos, de gobierno, judiciales y militares se pasearon en el Perú como Pedro en su casa durante el régimen del 90 al 2000 y lo siguen haciendo hasta hoy en menor escala. Es que nuestro sistema político ha cambiado muy poco, la reforma del Estado es aún una promesa congelada y corruptora y las condiciones electorales, con tan pocos filtros de rigor, son todavía puerta abierta al aventurerismo político, que hace que tengamos parlamentarios ladrones y violadores y presidentes regionales violentistas e incompetentes que han convertido sus cargos en verdaderas estafas a sus electores.

¡Mamita, quién nos salva de tanto elegido vago, ladrón, tramposo y hasta psicópata!

Por suerte ahí está la prensa para descubrirlos y denunciarlos.

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