Es importante que el Gobierno tome debida cuenta --como lo traduce la última encuesta de El Comercio realizada por Ipsos Apoyo S.A.--, que para un sector mayoritario de la población el mejor modelo de desarrollo y de crecimiento para el Perú debe ser uno basado en la inversión.
Se trata de un cambio cualitativo en las percepciones ciudadanas que podría estar revelando no solo que los peruanos son hoy más optimistas respecto al futuro, sino que también están más dispuestos a pelear ellos mismos por su porvenir, en vez de esperar a que el Gobierno lo haga.
En principio, la adhesión al modelo económico vigente podría estar asociada a la amplia difusión que ha tenido la reciente Cumbre ALC-UE, la misma que puso sobre el tapete las exigencias de la globalización, la necesidad de los tratados de libre comercio, la promoción de la empresa, la generación de empleo de calidad y mejores programas sociales que solo pueden ser otorgados por estados sólidos y boyantes. Después de todo, como señala la encuesta, el 77% expresó que la cumbre fue positiva y apenas 13% dijo que era negativa.
Sin embargo, los resultados del sondeo también darían cuenta de un nuevo estado de ánimo en el país, en el que se valora mucho más las experiencias positivas de Chile y Colombia, en desmedro de sistemas económicos que promueven una mayor intervención del Estado, como son los de Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Fuera de Lima, donde la aprobación del modelo económico actual es mayoritaria (61%), resulta sintomático que también en el resto de regiones prevalezca la misma percepción: 54% en el norte, 58% en el centro, 44% en el sur y 55% en el oriente dicen que la mejor opción es el libre mercado y la inversión privada.
Estos resultados no son para dormirse en los laureles. Todo lo contrario. Lo que corresponde es que el Gobierno restituya la presencia del Estado en todas las regiones del país, sobre todo en aquellas donde la exclusión es elevada y demandan el reforzamiento de las instituciones y un mayor bienestar económico y social.
De lo contrario, corremos el riesgo de que el Estado sea sustituido por sectores regionalistas y nacionalistas radicales, de obsoleto y trasnochado pensamiento, que son los que precisamente enarbolan banderas estatizadoras. Si no vemos como no es casual que en la región sur el 41% de los encuestados vota aún por modelos económicos que promueven una mayor intervención del Estado.