Por Hugo Guerra
Es correcto, buen lector, que a partir del 2009 se suprima la libreta militar, dejando la administración del padrón respectivo al Reniec. Pero urgen otras medidas que garanticen la participación ciudadana en la defensa nacional.
Nuestro país afronta graves retos de seguridad, pues el terrorismo acecha, mientras la amenaza de un vecino inquieto se hace cada día más evidente. De hecho, según el Estudio de Fuerzas Armadas y Opinión de la Universidad Católica (setiembre del 2007, Lima - Callao) 74% percibe ese riesgo, sin embargo apenas 43% está dispuesto a sacrificarse ante un ataque.
Frente a incoherencias de ese tipo, el trabajo debe comenzar por la base, restituyendo la instrucción pre militar en las escuelas secundarias públicas y privadas, de modo que se restablezcan los valores patrióticos en una población juvenil cuyo vínculo con la peruanidad se debilita aceleradamente como reflejo de una posmodernidad errática y globalizante.
Debe restablecerse, asimismo, la obligatoriedad del servicio militar (64% está a favor) rehuyendo, por supuesto, el esquema inhumano de la leva.
La convocatoria acorde a las necesidades de personal de las FF.AA. debe involucrar a los jóvenes hombres y mujeres sin excepciones, favoritismos, privilegios de clase social o seudojustificaciones médicas, pues este tipo de reclutamiento integrador puede contribuir a dinamizar las relaciones sociales en un país fragmentado por la polarización de la riqueza.
Los excedentes, entre tanto, deben incluirse en la reserva para adoctrinamiento e instrucción periódica, así como para prestar servicios comunitarios temporales. A propósito, más del 90% de los encuestados por la PUCP considera que las FF.AA. deben cumplir un papel más amplio en el ámbito de la promoción del desarrollo; no obstante, la apreciación es incoherente con el grueso juvenil que suele mantenerse al margen de las necesidades nacionales por falta de solidaridad con los compatriotas.
Adicionalmente debe incorporarse el servicio militar al mercado de trabajo. El servicio a la patria no puede confundirse con tiempo perdido para la realización individual, de allí que los reclutas no deben percibir propinas o remuneraciones exiguas. Las FF.AA. necesitan presupuestos adecuados para pagar a las tropas al menos salarios de mínimo vital; y para reflotar sus centros de entrenamiento y calificación en artes y oficios donde se forme a quienes presten servicio transitorio y a los que opten por profesionalizarse como suboficiales.
Para ello bien puede plantearse una alianza con las organizaciones empresariales que, ante la expansión de la economía nacional, requieren personal técnico adecuadamente calificado.
Por lo demás, es hora de que cierta prensa cese las nefastas campañas de agravio contra las FF.AA., a consecuencia de las cuales 52% del público tiene opinión "regular" de los militares y 6% "mala".
Usted estará de acuerdo, querido lector, en que así como vamos superando una serie de lastres nacionales, es hora también de mejorar sustantivamente la relación cívico-militar. Y no diga que eso es "saludo a la bandera" porque tal expresión debe desterrarse de entre los peruanos orgullosos de su identidad.