La Ciudad Luz veía ayer cómo se apagaba la estrella de uno de los grandes revolucionarios de la moda. De aspecto frágil y enfermizo, y oculto siempre tras sus inseparables gafas de carey, su buen gusto y capacidad para relacionarse con el momento lo hizo erigirse como el primer sucesor del maestro Dior tras su retirada. ¿Quién podía pensar que aquel sastre de 19 años se convertiría, dos años después, en el diseñador más joven de alta costura y que, con el paso de los años, su firma llegaría a ingresar en Francia más divisas que la propia casa Renault?
Yves Saint Laurent nació el 1 de agosto de 1936 en Orán, Argelia, donde su padre trabajaba como ejecutivo de una empresa naviera. A los 17 años, comenzó a destacarse como un diseñador prometedor al ganar el primer premio de un concurso patrocinado por el Secretariado Internacional de la Lana, en el que presentó un vestido de coctel. Un año después, en 1954, se inscribió en la escuela de alta costura de la Chambre Syndicale, pero solo permaneció allí tres meses. Le presentaron a Christian Dior, entonces considerado máximo creador de moda de la época, y el maestro quedó tan impresionado con su talento que lo contrató de inmediato. Cuando Dior murió repentinamente en 1957, Saint Laurent fue nombrado director de la casa Dior con solo 21 años. Abrió su propia casa de alta costura con Berge en 1962 y luego el par comenzó la cadena de boutiques Rive Gauche con diseños de confección. Entre los 60 y 70, Saint Laurent vivió en medio del jet set. Recorrió con el artista Andy Warhol los clubes de lujo de París, y se divirtió con Paul Getty Junior o con su musa Loulou de la Falaise en su palacio en Marrakech. Tras su retiro, Saint Laurent habló de sus batallas con la depresión, las drogas y la soledad, aunque no dio indicios de que esos problemas tuvieran directamente que ver con su decisión de dejar de trabajar. "He conocido el temor y la terrible soledad'', dijo. "Los tranquilizantes y las drogas, esos falsos amigos. La prisión de la depresión y los hospitales. He salido de todo eso, deslumbrado pero sobrio.
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