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En memoria del viejo coronel

A propósito de la inauguración del monumento a Francisco Bolognesi, El Comercio lanzó una edición especial 25 años después de la Batalla de Arica

Por Francisco Sanz Gutiérrez

Como cada 7 de junio, el Ejército homenajea hoy a su patrono Francisco Bolognesi y sus tropas, junto con autoridades civiles y militares, se reunirán en la plaza que lleva su nombre para renovar su juramento de fidelidad a la bandera. Como cada inicio de junio, en los colegios se habrá repetido cientos de veces la respuesta a los chilenos que dejó para la posteridad. Como cada 7 de junio, hoy se recuerda al viejo coronel que sucumbió aquel día de 1880 en la Batalla de Arica.

Cuando ocurrió el combate, El Comercio llevaba cuatro meses clausurado por la dictadura de Piérola y recién fue voceado de nuevo por las calles de Lima en octubre de 1883, "cuando ya no había en la capital ningún invasor ocupante", según la edición especial del centenario de fundación del Diario.

El gran reconocimiento a Bolognesi tuvo que esperar 25 años después de su muerte, cuando Lima se vistió de fiesta para la inauguración del monumento a nuestro héroe de la Guerra del Pacífico. La edición de 16 páginas del 5 de noviembre de 1905 se dedicó íntegramente al magno suceso --en los días previos se daba cuenta de "que en los últimos días han llegado a la capital, en los vapores de la carrera y en los trenes del interior, más de 5 mil personas"-- y a la remembranza de la figura de Bolognesi:

"Ha transcurrido un cuarto de siglo desde la gloriosa resistencia de Arica, y esa acción, tan hermosa entre las desventuras y sacrificios del Perú en la infortunada Guerra del Pacífico, va a ser inmortalizada en el simbólico monumento que la gratitud nacional levante en Lima al noble anciano y a sus valientes compañeros, inmolados con él, por la patria, sobre la cumbre del célebre Morro (...) Si no tuvimos en Arica los resplandores del triunfo, conquistamos los lauros de la gloria".

Poco antes de su lamentable deceso en el 2004, el historiador Percy Cayo resaltó --a propósito de la colección Héroes y Personajes publicada por esta casa editora-- la importancia de desmitificar a los héroes y presentar una visión más humana y menos estereotipada de ellos. "Sin postergar el hecho histórico, hay que situar al héroe como humano", advirtió Cayo.

Es ello justamente lo que encontramos en la extraordinaria semblanza que de Bolognesi trazara Roque Sáenz Peña, el argentino que llegó en silencio al Perú a ofrecer sus servicios, que fue uno de los pocos sobrevivientes de Arica y que se convirtió en el invitado estelar de aquellos fastos de noviembre de 1905. El Comercio reprodujo aquel revelador testimonio de primera mano en la mencionada edición:

"El noble anciano contaba 64 años. Sus antepasados eran de origen italiano, pero el coronel don Francisco Bolognesi había nacido en el Perú, sirviendo a su patria en el ejército de línea, desde que sentó plaza con el grado de subteniente.

El coronel Bolognesi era un hombre de pequeña estatura, había lentitud y dureza en sus movimientos, como lo había en su fisonomía: la voz era clara y entera, los años y los pesares habían plateado sus cabellos y su barba redonda y abundante destacaba la tez bronceada de su rostro enérgico y viril.

Su inteligencia era inculta, pero tenía la percepción clara de las cosas; la experiencia de los años y la malicia que se desenvuelve en la vida inquieta de los campamentos habían dado a su espíritu cierta agilidad de concepción (...)"

Tamaña cercanía con el sexagenario coronel le dio a Sáenz Peña la posibilidad de comprobar lo inexpugnable de su carácter y lo férreo de su disciplina:

"Nunca pudimos conocer sus opiniones sobre la campaña. Asistió a todos los combates como jefe de la segunda división del ejército del sur, pero jamás opinó sobre el acierto de las operaciones, había tomado las armas para batirse y no para juzgar a sus superiores, decía: la ordenanza prohíbe la murmuración de los subalternos y él era soldado sobre todas las cosas".

Pero indudablemente los picos emotivos se alcanzan en las descripciones del fragor de las luchas contra los chilenos:

"La batalla de Tarapacá le sorprendió gravemente enfermo (...) Pero siente los primeros tiros del combate, y el viejo veterano se incorpora en el lecho (...) Asume el mando de su regimiento y soporta nueve horas de combate, con el rostro encendido del febriciente, la mirada brillante por el ardor de la pelea y el corazón contento de haberse batido por la Patria.

¡Qué sinceridad de sentimiento había en ese viejecito batallador!

'Las balas chilenas, nos dijo señalando el pie derecho, apenas llegan a las suelas de mis botas'... un proyectil le había llevado un tacón de sus granaderas".

Hasta que llegó el combate de Arica, donde Bolognesi y sus 1.600 hombres se vieron cercados por más de 5.000 enemigos. Y ahí estuvo Sáenz Peña, desde la histórica respuesta al emisario chileno Juan de la Cruz Salvo hasta el balazo mortal:

"Fue entonces que el coronel Bolognesi se dirigió al parlamentario con una frase cuyo recuerdo lo conservan los pocos peruanos que sobrevivieron al desastre: 'Podéis decir al general Baquedano que me siento orgulloso de mis jefes y dispuesto a quemar el último cartucho en la defensa de la plaza'.

(...) Allí cayó el coronel Bolognesi, inclina su frente y cae con el alma serena, una bala le había atravesado el corazón (...) Aún conservo la impresión que me produjo la disposición del cadáver; se le había despojado de la chaquetilla y de las botas y un feroz culatazo le había descubierto la parte superior del cráneo. Aquella impresión fue para mí tan intensa, tan honda y dolorosa como la muerte misma de mi viejo amigo, el querido y venerable anciano".

El homenaje a Bolognesi de principios del siglo XX fue la primera gran cobertura en la andadura del decano, tal como apunta el historiador Héctor López Martínez: "Nunca antes El Comercio desplegó tanto personal de redactores, fotógrafos y dibujantes para ofrecer a sus suscriptores una información completísima, y desde variados ángulos, de un suceso".

En sucesivas ediciones previas a la inauguración del monumento en la plaza Bolognesi, este Diario informó de los avances en la recolección de fondos, en la construcción y en la iluminación del lugar.

Para completar la faena, se adelantó a la llegada de Sáenz Peña al Callao y, a través de un corresponsal especial enviado hasta Valparaíso, acompañó al visitante argentino en la travesía a bordo de los vapores Guatemala e Iquitos.

Bajo el epígrafe Apuntes de Viaje, el corresponsal recogió sus impresiones y escribió así desde Pisagua tras el primer encuentro: "Aunque, como lo comprenderán los lectores de El Comercio, habría deseado yo hacerle preguntas relacionadas con su actuación en la guerra contra Chile, creí prudente abstenerme de entrar en un camino que habría sido embarazoso para nuestro ilustre huésped".

Cuando la embarcación llegó a Arica, ya la memoria se había lanzado a hablar: "El general Sáenz Peña se hallaba en esos momentos rodeado de su familia y de nosotros, explicándonos cómo fue aquella hecatombe. En su voz, en sus ademanes nerviosos y en su fisonomía pálida se reflejaba la emoción de que era presa. Resurgía para él todo un pasado, con sus tintes de muerte y sus destellos de gloria, en el cual figuró como uno de sus principales actores".

La historia de un cambio monumental
Una vez en el poder, el general Manuel Odría ordenó cambiar la escultura original del monumento inaugurado en 1905 por otra que mostrara al héroe de Arica "en mejor estado".

Según los trascendidos de la época, a juicio del general y de las autoridades castrenses, aquel Bolognesi con la cabeza gacha, aferrado a la bandera y a punto de desplomarse tras ser mortalmente herido "parecía un borracho".

Y así, el 7 de junio de 1954 el monumento amaneció cubierto por un velo blanco y horas después los limeños tuvieron ante sí la nueva efigie, obra del escultor peruano Artemio Ocaña, que es la que hoy vemos al pasar por la plaza Bolognesi.

El cambio tuvo adherentes y detractores. Entre los primeros se contaban quienes lamentaban llevarse una impresión de desaliento y de derrota al ver la imagen original. Entre los segundos figuraban quienes deploraban el ultraje artístico para colocar una obra de menor calidad que no reconocía el sacrificio en el momento supremo de la entrega.

En todo caso, no sabemos si al coronel le hubiera indignado más el cambio de estatua o que el Estado demorara 35 años --de 1870 a 1905-- en cancelar una deuda por unos cañones que en vida compró y que se usaron en la defensa nacional, según este Diario recordó hace nueve años.

DE LA GUERRA A LA GLORIA
Vía telegrama
Poco antes de ser clausurado, El Comercio alcanzó a dar cuenta --en su edición extraordinaria del 3 de diciembre de 1879-- de la trabajosa victoria en la Batalla de Tarapacá, ocurrida seis días antes.

Héroe de portada
La inauguración del monumento a Francisco Bolognesi Cervantes fue el 6 de noviembre de 1905 y el día anterior salió a las calles de Lima una edición especial en su honor.

Obras de arte
El día en que se inauguró el monumento se publicaron detalles del conjunto. Arriba a la izquierda, la efigie original hecha por el escultor español Agustín Querol, que fuera reemplazada medio siglo después por orden de Odría.

El ilustre voluntario
El Gobierno Peruano y la ciudadanía recibieron con suma gratitud a Roque Sáenz Peña, jefe del batallón Iquique en la Batalla de Arica a sus 29 años, quien arribó a Lima el 5 de noviembre de 1905. Cinco años más tarde fue elegido presidente de Argentina.

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