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NO MANDEMOS SEÑALES AMBIGUAS A NUESTROS INVITADOS

Una sede para el APEC

Por Fernandode Szyszlo. Artista

Es imposible ignorar que la imagen del Perú no ha cesado de mejorar. Los más distintos indicadores lo atestiguan. Desde los días en que el doctor Valentín Paniagua fue designado presidente interino, hasta el día de hoy, hemos vivido una curva ascendente en la figura que proyectamos para el resto del mundo. Durante los pocos meses del gobierno de Paniagua se sentaron las bases para el camino que hoy, llenos de esperanzas, recorremos.

Al doctor Paniagua le tocó desarmar el monstruoso aparato de corrupción, arbitrariedad, abuso e intolerancia que definieron los años de Fujimori en el poder. Los primeros después de la elección de Fujimori, por una mayoría que votó menos por él que por impedir la llegada de Vargas Llosa al poder, la oposición lo apoyó en las pocas medidas constructivas que tomó. En abril de 1992 decidió dar un golpe de Estado e iniciar un cogobierno con Vladimiro Montesinos y su camarilla, que querían manos libres para imponer la ley de la selva, saquear las arcas fiscales, sobornar canales de televisión y periódicos para gobernar a su antojo, hacer una Constitución a su medida y elegir un Congreso sumiso. Los derechos humanos les merecían el mismo desprecio que al cardenal de la Iglesia, cuyas opiniones todos recordamos con vergüenza.

El gobierno de Paniagua inició la recuperación de la democracia que hoy disfrutamos, se entregó el manejo económico a manos preparadas y responsables y se nombró una comisión que, al investigar los hechos de los salvajes tiempos de los delincuentes de Sendero Luminoso, juzgara también las formas en las que se condujo la guerra contra la subversión y los excesos que se cometieron en ella, para poder pensar realmente en un país reconciliado.

El gobierno del presidente Toledo tuvo la fuerza de resistir las presiones por un cambio en el modelo económico y la lucidez de continuar y acentuar el rumbo de nuestra economía, y entregó el manejo de ese sector, capital para nuestro progreso y desarrollo, a economistas excelentes e intachables. Los errores, para calificarlos de alguna manera, de la señora Karp y de algunos familiares del presidente Toledo, no consiguen empañar una gestión que tuvo un balance favorable. Las bases del Acuerdo Nacional que promovió el primer ministro Dañino todavía están vigentes.

El gobierno del presidente Alan García, por el que algunos votamos con temor, ha dado ya pruebas más que suficientes de haber enmendado los rumbos de su primer mandato y muestra logros de una buena gestión, que son cada vez más evidentes. Las exportaciones no cesan de crecer y el comercio interno y la prosperidad de la costa y de su agricultura saltan a la vista. Todavía nos debemos preocupar de la poca atención que parece prestársele a la parte más deprimida de nuestra población que habita los Andes del sur, pero estoy seguro de que esta preocupación es compartida por la gente en el poder. Ojalá que para esa región, tan llena de esperanzas urgentes, aún no satisfechas, se pueda encontrar pronto una solución y se supere una circunstancia que para cada uno de nosotros debería ser inaceptable.

La extradición y el ejemplar modo en el que se conduce el proceso al acusado Fujimori son otras muestras del proceso democrático que se vive en el Perú.

Pero quiero, después de este preámbulo, referirme al tema que me ha movido a escribir estas líneas.

La reunión, que tuvo lugar aquí, de los países de América Latina, el Caribe y la Unión Europea ha constituido un éxito total del que todavía se habla en el mundo y que ha colocado a nuestro país en una situación privilegiada por lo perfecto de la organización, manejo y seguridad que se mostró. Los visitantes comprobaron directamente que los indicadores económicos, que tan buenos calificativos nos otorgan, no solamente son ciertos sino que la prosperidad y el empuje de nuestras ciudades está a la vista.

Ahora viene, para noviembre, una cita tan o de más importancia que la anterior, la reunión de los países del área del Pacífico. Sin duda, para designarnos como sede de tan importante conferencia han contado en forma decisiva todas las circunstancias que ya he mencionado, como la intachable marcha de nuestra democracia, el evidente respeto de las libertades cívicas y de los derechos humanos. Los miembros de tan importante conjunto de países, que incluyen varias de las más poderosas economías del mundo, como China, Estados Unidos, Rusia y Japón, tienen que haber considerado, al ponerse de acuerdo sobre la sede de la Decimosexta Cumbre del APEC, que la democracia peruana merecía ese reconocimiento. Con la conciencia de que la América Latina, y más precisamente un país como el Perú, donde al igual que nuestros vecinos arrastramos una historia de inestabilidad política, de violencia, de dictaduras militares y terrorismo, designarnos como sede de esta conferencia supone un reconocimiento tácito de una nueva situación democrática que esperan, y esperamos, sea indefinida.

La idea de que por razones incomprensibles, sean de espacio o de otra índole, se hagan planes para que esta reunión, que versará principalmente sobre intercambio comercial y cultural y que tiende a afirmar la paz y amistad entre los pueblos del área abarcada por el APEC, vaya a tener lugar en nuestro país en el Ministerio de Defensa me parece que sería un error grave, sería enviar una señal de una tremenda ambigüedad. Para los que leímos ese estupendo libro de Ricardo Uceda "Muerte en el Pentagonito" el edificio del Ministerio de Defensa, por los excesos que se supone se cometieron en su sede en la infausta época del gobierno de Fujimori, está teñido de malos recuerdos. Dejemos que el tiempo borre las asociaciones que nos provoca y vuelva a ser la sede de tan importante organismo del Estado.

El local del Museo de la Nación y el de la nueva Biblioteca Nacional cumplieron perfectamente con las necesidades de la Cumbre de la América Latina, el Caribe y la Unión Europea, no parece haber ninguna opción mejor que estas sedes para la XVI Cumbre del APEC.

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