Por: Juan Paredes Castro |
Sabíamos que la fina interpretación de la partitura del crecimiento económico en el Congreso estaba a cargo de Luis Gonzales Posada como violín de primera fila. Este no imaginó que desde ayer empezaría a perder la partitura y el violín en el tejado aprista y a manos de un aprista, Luis Negreiros Criado, de la mano de José Carrasco Távara, su vocero y operador.
En efecto, el futuro del crecimiento económico que hoy exhibimos tiene que sustentarse en una serie de reformas legales y constitucionales, reformas que la actual presidencia del Congreso ha asumido --digamos-- como tarea de vida o muerte. Dicho metafóricamente, como el violinista que quiere ser intérprete fiel de la partitura por la que está dispuesto a volcar todo su talento.
Negreiros viene de la vieja guardia aprista, distante de lo que ahora quiere y busca Alan García y su gobierno y, por el contrario, cercano a lo que quiere y busca el humalismo: el retorno a la Constitución del 79 y el cambio del modelo económico que está generando el crecimiento económico.
¿Qué quiere Negreiros? Algo muy sencillo: la presidencia del Congreso. ¿Y qué más? Que su partido ceda al retorno a la Constitución del 79 y al cambio de modelo económico, exigidos por el humalismo. Así se vería redondeado su objetivo final: contar con los votos necesarios para ser ungido reemplazante de Luis Gonzales Posada, el violinista de primera fila.
El apetito por la presidencia del Congreso ha descorrido más de una careta, desde los apristas que están dispuestos a frustrar la reforma puntual de la Constitución, como aliados del antisistema, hasta los que, dentro del Partido Nacionalista, creen que el país debe llegar al 2011 hecho un desastre para ser ellos sus salvadores. De ahí que no quieran demorarse en preparar el desastre.
Ignoramos si Gonzales Posada pueda todavía recuperar, del tejado aprista, la partitura y el violín del crecimiento económico secuestrados por el humalismo y Negreiros. Quizá pueda hacerlo Javier Velásquez Quesquén en su esfuerzo por ganar también, bajo otro estilo y otra visión, la presidencia del Congreso. Pero dividida como está ahora la bancada aprista no creemos que sea fácil. Ya ni siquiera los llamados de Alan García surten algún efecto.
El tejado aprista en el Congreso ya no protege al Apra ni al país. Se ha vuelto fantasmal. Hasta podría abrigar la oposición política que anda buscando García.
¿Por qué este tendría que ir tan lejos para encontrarla si la tiene prácticamente en casa, vivita y coleando, dispuesta a aguarle las cumbres y fiestas y el sentido de futuro que necesita el país?