EDITORIAL
Por Diego García-Sayán. Ex canciller de la República
El desempeño de las economías afecta la legitimidad de las democracias. Cuando a la economía latinoamericana le ha ido bien, ha habido más estabilidad política en la región. Cuando a la economía latinoamericana le ha ido mal, la inestabilidad política fue una constante. El clímax fue el año 2002, el peor para la región en veinte años. La caída del Producto Bruto fue especialmente brutal en Argentina (-15%) y en Venezuela (-10%). Ese fue el año que hubo más pobres en la historia de la región: 221 millones de personas. En ese contexto, gobernantes elegidos democráticamente tambalearon en varios países.
Se fueron repitiendo las imágenes de presidentes obligados a renunciar. Luego de la caída de Mahuad en Ecuador en el 2000 vino el colapso argentino. La exacerbación del descontento tuvo allí su simbólico visible culminante en el lema "Que se vayan todos" que acompañó la crisis que arrastró a De la Rúa en el año 2002. Más adelante se dio en Bolivia la caída de Sánchez de Losada (2003) seguida de la renuncia de su sucesor, Carlos Mesa (2005). El propio Lucio Gutiérrez fue empujado también a la renuncia en Ecuador.
Hoy el panorama de la economía regional es diferente. En el quinquenio 2003-2008 se ha dado el crecimiento constante más importante producido desde la década del sesenta. En este lustro, también, ha habido algunos avances en la reducción de la pobreza. El número absoluto y el porcentaje de pobres. Si en el 2002 la pobreza afectaba al 44 % de la población, para el 2007 se estimaba que se había reducido al 35,1 %. Es decir, una reducción de alrededor de 9 puntos.
Si la inestabilidad política de muchos gobernantes parecía ser una constante hacia el año 2000-2002, hoy parecería no ser la regla. Hay algo, sin embargo que corre como un enorme río subterráneo y que se viene manifestando crecientemente en los últimos años. Es lo que podríamos llamar un 'humor' de las sociedades que busca dar prioridad a una 'agenda social' clara y efectiva. Y no de simple contemplación ante la mano invisible del mercado. Y esto está más allá de la coyuntura económica.
Es esa extendida opción por buscar una redefinición y afirmación de 'lo público' --sin con ello retornar a dinámicas estatistas del pasado-- lo que se ha expresado en muchos de los resultados electorales de los últimos cinco años. Lo que algunos llaman un "giro a la izquierda" pero que podría perfilarse, mejor, como un "énfasis en lo social". Entender que ese es el humor de la gente y que la gente es quien manda en una democracia, es fundamental para poder marchar en la dirección adecuada. En resumen: énfasis en la agenda social y un papel menos prescindente del Estado como tarea del momento. ¿Estaremos a la altura?