No todos los éxitos de taquilla se transforman en íconos de la cultura popular. No importa que acumulen secuelas, que rompan marcas de asistencia o que sus cifras de recaudación alcancen por largo trecho los seis dígitos: hay películas que están irremisiblemente destinadas al olvido. Pero otras como "Grease", consiguen generar unanimidades que en principio parecen inexplicables: hace casi exactamente tres décadas se estrenó este filme musical basado en un montaje de Broadway que, en tiempos en que el planeta se divida entre los que bailaban como poseídos al ritmo de la música disco y los que se detestaban con fervor ese género, transportó a toda una generación a un paraíso artificial diseñado a imagen y semejanza de los utópicos años cincuenta.
Y, claro, el éxito de la película dirigida por Randal Keliser -que solo compitió por el Óscar en la categoría de Mejor Canción- también se sustentó en la efectividad de su reparto -prístinos olivia Newton John y John Travolta en los papeles principales- y la contagiosa atemporalidad de sus canciones y sus coreografías que, treinta años después, los muchachosde ayer y hoy siguen bailando con el mismo contagioso entusiasmo de antaño tanto en fiesta de adulto contemporáneas como en actuaciones de colegio.
la película tuvo una secuela más bien fofa, pero la leyenda de "Grease" (o "Vaselina", como la llamaron en México, aunque algunos prefieran el "Brillantina" de los españoles) se fundamenta en esa colorida y nostálgica inocencia que parecía impregnada en cada encuadre de la película de Randal Kleiser. Un clásico de la adolescencia.