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¡Nos está costando muy caro!

Rincón del autor. Bien haría el Gobierno en quitar el subsidio al residual, eliminar el impuesto selectivo al diésel y a las gasolinas de 84 y 90 octanos

Por Beatriz Boza

El precio del petróleo ha venido subiendo significativamente en estos dos años en el ámbito mundial. En diciembre del 2006 el barril se cotizaba a US$62, en el 2007 a US$91 y esta semana ha pasado los US$140. Ello supone más de 125% de incremento solo en año y medio. Los mercados de futuros pronostican un precio de US$135 para el resto del año y algunos analistas hablan de que pueda llegar a US$250. Sin embargo, en el Perú, desde el 2006 el precio de la gasolina solo ha aumentado 17% (S/.10,30 por galón de 84 versus S/.12,01 hoy). ¿Por qué? ¿Cómo así suben el trigo (22%), el arroz (22%), el maíz (36%) y el aceite de soya (67%) en ese período y no tanto la gasolina? ¿Si importamos petróleo a precios internacionales, cómo así no suben los combustibles? Es porque la factura la paga el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), o sea el Tesoro Público. Dicho en otros términos, con nuestros impuestos --que bien se podrían destinar a otros fines-- subsidiamos el precio de la gasolina.

¿De qué montos estamos hablando y quién se beneficia? Para mantener artificialmente barata la gasolina, el 2006 el FEPC aportó S/.30 millones, el 2007 la suma de S/.972 millones, a junio ya nos cuesta S/.1,693 millones y solo esta semana se estima que el subsidio asciende a más de S/.110 millones. Eso es el doble de lo que invertimos semanalmente en los programas para combatir la pobreza, seis veces más de lo destinado semanalmente para combatir la desnutrición crónica materno infantil y ocho veces el programa Crecer Juntos. Y si el precio del petróleo sigue al alza, como se especula, las compensaciones podrían superar este año los S/.4.500 y llegar a casi 5 mil millones el 2009. Eso es más que todo el presupuesto anual del Ministerio de Salud, cinco veces el del Ministerio de la Mujer, casi nueve veces el de Agricultura, 14 veces el de Trabajo, 31 veces el de Comercio Exterior y 49 veces el de Produce.

¿Qué hacer entonces? Aunque el tema de la gasolina es uno sensible para el público, sería irresponsable no hacer nada, pues el subsidio que todos pagamos no solo nos está costando ya muy caro sino que, en algunos casos, beneficia directamente actividades que no deberíamos subsidiar, como la industria pesquera y minera que usan residual. Toca tomar cartas en el asunto inmediatamente. Bien haría el Gobierno en quitar el subsidio al residual, eliminar el impuesto selectivo al diésel y a las gasolinas de 84 y 90 octanos, así como modificar la referencia usada para fijar el subsidio y aumentar la banda de precios.

No serían medidas drásticas, pero sí podrían reducir el subsidio a niveles similares a la recaudación por regalías petroleras e impuestos vinculados.

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