Por Fernando Vivas. Periodista
Ayer estuvimos en medio de una guerrita cuyos reales motivos no nos han sido notificados. Ni siquiera estamos seguros de quién encabeza cada bando y qué estandarte enarbola: la CGTP apiló en su plataforma reivindicaciones de sectores agrarios y regionales con los que no se codea mucho y el Gobierno --esta sí que es buena-- dejó que el Apra tomara la voz del Estado para difundir un infame spot que pillaba una declaración de Montesinos para desacreditar al Sutep y, por extensión, a la CGTP de la que es parte (está por verse si la verdadera intención era pagar el anuncio de marras con presupuesto del PNUD, pero tanto el jefe del Gabinete, Jorge del Castillo, como Mauricio Mulder aseguran que fue cosa partidaria).
El paro no ha sido político, ha sido politizadísimo, pues los dos partidos más viejos del Perú, el Apra y el Partido Comunista, cuyo mayor activo es el manejo de la CGTP, han medido ayer sus fuerzas asumiendo, sin transparencia, representaciones que los exceden: la central sindical tomó la voz de la población económicamente activa (PEA), cuyo porcentaje de sindicalización no supera el 3% y el Apra ha tomado nada más y nada menos que el nombre de la nación.
En realidad, la CGTP ha sido más sincera que el Gobierno, pues hace unos meses anunció su afán de convertirse en partido político. Ayer tuvo su primer ensayo, con su líder Mario Huamán debatiendo con Del Castillo, el principal cuadro del Apra luego de García, con plataformas amplias, frente social, mitin en plazuela y roadshow mediático.
El Apra ha sido menos sincero porque se ha agazapado detrás del Gobierno para sacar al fresco el afán político partidario de la CGTP, provocando a Huamán, debatiendo con él, lanzándole el cuco de Montesinos, abriéndole las calles para ver cuánta gente moviliza. ¿Y cuál sería la cosecha propia luego de esta suerte de promoción al enemigo? Pues imagino que el Apra confía, en el largo plazo, en su capacidad de sacar mayor provecho electoral que el desangelado PC y toda la izquierda junta y tiene gran expectativa por las simpatías que pueda recolectar entre los miles de trabajadores que se beneficien con la ley de mypes (aunque no lo digan, este es el tema que más perturba a la CGTP y fue el caballo de batalla del primer ministro en su debate con Huamán) .
Aunque lamentemos la falta de transparencia y las representaciones forzadas, saludemos que esta ha sido una pelea dentro del sistema, aunque eso sí, fuera de la parte más mediocre de este, el Congreso. No sé si Ollanta Humala tendrá la suficiente habilidad para cosechar el descontento antisistémico, pero lo cierto es que la CGTP no ha querido compartir tribuna y plataforma con él. Mientras la bancada humalista pierde la iniciativa, y su líder se enreda en la defensa de calenturas regionales, la muy política central ha visto más sentido en confrontar al partido de Gobierno con reclamos sobre decretos legislativos y el reparto de las utilidades del sistema.