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EDITORIAL

El legado de Luis Carranza ante el futuro

En medio de la turbulencia foránea y las presiones internas, la gestión de Luis Carranza en el Ministerio de Economía y Finanzas ha sido más que satisfactoria. No solo por el prudente manejo de las cuentas fiscales, sino porque puso énfasis en elevar la inversión pública, convirtiéndose en esencial artífice de los logros económicos.

Ahora bien, es cierto que en un país con tanto déficit en infraestructura y tareas sociales pendientes, lo avanzado aún resulta insuficiente y se quisiera más. Pero precisamente el ministro Carranza supo mantener el equilibrio de las cuentas fiscales y de la economía nacional en momentos tan sensibles en los que el mínimo desatino en el gasto podría presionar la inflación.

La apuesta por las obras y la inversión pública, pese a la lentitud que exaspera, es la mejor manera de poner los cimientos para el futuro. Ahora que hay recursos, como ha dicho Carranza, es vital fomentar y consolidar la competitividad y eso pasa por generar infraestructura y mejorar la calidad educativa y la salud pública.

Para tal giro ha sido necesario reducir y contener en lo posible el gasto corriente, razón por la que ha tenido diferencias y duros roces con sus colegas de Gabinete, que naturalmente presionan por ampliaciones presupuestales para sus carteras. Sin embargo, su compromiso con una política con perspectiva lo mantuvo impasible en su línea a favor de la llamada habilitación del país para diversificar la economía y no depender solo de los minerales, cuyo precio es fluctuante. En este aspecto, supo mantener la eficiencia de la gestión macroeconómica que impuso de manera destacada su antecesor, Pedro Pablo Kuczynski, uno de los responsables de las cifras en azul con las que culminó la administración toledista.

Otro punto significativo en la gestión de Carranza fue la obtención del grado de inversión, la mejor muestra de seriedad en el manejo de la economía. También el aumento de las reservas internacionales (actualmente estimadas en US$35 mil millones), con lo cual el país queda más protegido frente a las crisis internacionales, cuyos efectos no se pueden desestimar en la coyuntura.

No estamos en la mejor de las épocas. Las cotizaciones del petróleo y de los alimentos suben, hay peligro de recesión y los precios internacionales de nuestros productos podrían jugarnos una mala pasada. Por eso, el sucesor de Carranza tendrá que mostrar la misma prudencia y calma. Estar atento al aumento de la inflación, y a las causas externas e internas que la provocan, así como atender la agenda pendiente en materia de inversión pública, sobre todo en las regiones más desamparadas y atrasadas del país. Hoy existen recursos para interconectar los pueblos con carreteras, electrificarlos y dotarlos de los servicios indispensables de saneamiento.

El ministro saliente ha dado muestras de inteligencia y serenidad. Su relevo es ordenado y existe una línea de continuidad en el modelo económico que no debe ser afectada por la politiquería o la demagogia. La heterodoxia y los experimentos populistas traen inestabilidad, corrupción y hacen más pobres a los pobres.

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