Primero fue Machu Picchu y ahora Arequipa: la Unesco ha expresado su preocupación por los problemas que afectan el Centro Histórico de la Ciudad Blanca, Patrimonio Cultural de la Humanidad. La situación es grave, al punto que la Ciudad Blanca corre el riesgo de perder ese título y con ello las ventajas que le otorga en materia de apoyo e ingresos turísticos.
El Gobierno Central, la región y las municipalidades de Arequipa tienen que poner en la balanza lo que estamos a punto de perder si no hallan solución rápida al caos vehicular del centro urbano, la tugurización y la destrucción progresiva que sufren las casonas antiguas a pesar de ser monumentos históricos, así como a la contaminación del aire y del río Chili y la depredación de la campiña arequipeña.
Hace unas semanas apenas, la Unesco declaró Machu Picchu en vigilancia permanente, es decir, bajo observación de un grupo de expertos que evaluará cuánto hace el Perú para salvaguardar su intangibilidad. Con Arequipa puede suceder lo mismo, o aplicársele una sanción inmediata, como incluirla en la lista de los bienes en peligro, si no se toman medidas correctivas de inmediato para valorar la riqueza histórica que poseemos.