Por Raúl Diez Canseco T. Ex vicepresidente de la República
Después de algún tiempo he tenido la suerte de retomar mis viajes por el interior del Perú. A Piura y Tumbes los he visitado en múltiples oportunidades, pero en la última ocasión reconozco un cambio notable en ambos departamentos, diría sin precedentes. Remontar sus pistas y atravesar sus puertos y aeropuertos, oír el bullicio de sus gentes, comprobar el dinamismo industrial, comercial, hotelero y gastronómico, y contemplar las plataformas de los yacimientos de gas recientemente descubiertos en la bahía de Bayóvar nos estimulan a dar las gracias a quienes hacen obra y a los que moldearon y forjan.
Qué decir de las playas tumbesinas, esa franja de arena blanca bañada de sol perpetuo que encandila a los turistas ecuatorianos. Punta Sal, Playa Zorritos, La Cruz, Playa Hermosa y Puerto Pizarro empiezan a configurar lo que el presidente Toledo visionó durante su mandato: un producto turístico de primer nivel, cuyos componentes principales, el sol y playas septentrionales, encandilen a nuevos visitantes del Perú y del mundo. Playa Hermosa, ahora en manos del Concejo Provincial de Tumbes, va en camino a ser realidad luego de superar controversias y burocracias estériles.
Tuvo razón el presidente Fernando Belaunde cuando dijo que "el Perú es un reino por descubrir y redescubrir".
Este hecho no es ni de derecha ni de izquierda, sino la constatación de una realidad. Sin embargo, para avanzar con velocidad hay que mejorar y potenciar la capacidad de gestión pública --por ahora la pata coja de los gobiernos central, regional y local-- en todas las instancias. Atender también con eficiencia y eficacia la abrumadora necesidad de servicios públicos y de empleo que tienen la sierra y la selva, donde habitan más del tercio de peruanos y donde está casi todo por hacer. Esto es impostergable y aquí es donde hay que poner mayor énfasis en las políticas de Estado.
A propósito, el reciente paro convocado por la CGTP merece una reflexión profunda de todos los actores políticos, especialmente de quienes administran los resortes del poder. Más allá de si hubo ganadores y perdedores, la lección principal de la protesta del miércoles 9 es que sirve para tomar debida nota de las necesidades puntuales de cada región, departamento, provincia o distrito, y a partir de allí convertirla en una gran oportunidad para, inderdisciplinaria y multisectorialmente, evaluar o rediseñar las respuestas correctas a los problemas.
De alguna manera, cualquier reclamo, por pequeño que sea, exterioriza una necesidad o un sentimiento de frustración. Mirémoslo de otra manera. La protesta es un malestar colectivo, pero también una oportunidad para conocer qué requiere el pueblo y cuál es la bitácora que corresponde para paliar su marea.
Con ocasión de cumplirse 187 años de nuestra independencia (estamos a solo 13 de nuestro bicentenario), formulamos votos para que nuestras discordias se disipen, los enfrentamientos se terminen y las discusiones bizantinas no acaben con los acuerdos en favor del crecimiento y desarrollo nacional. Que este 28 de julio nos sirva para reafirmar los valores democráticos y nuestra identidad de país soberano. Felices Fiestas Patrias a todos.