Por: Juan Paredes Castro |
El día en que el presidente regional de Áncash, César Álvarez, advirtió a Hernán Garrido Lecca que lo sacaría a patadas de cualquier hospital de su jurisdicción que el ministro osara volver a inspeccionar, ese día, el gobierno del presidente García tuvo que sentir que alguien pretendía robarle una importante cuota de poder legítimo.
Como el exabrupto de Álvarez fue tomado a la broma y el propio Garrido Lecca llegó hasta Radio Programas a llevar la fiesta en paz, en lugar de denunciarlo ante el Congreso o ante el Ministerio Público, la insolencia del cacique terminó sentando el terrible precedente de que el Gobierno Central no tiene nada que ver con los asuntos de cada Gobierno Regional.
Pues para que lo sepa César Álvarez, el Gobierno Central dirige la política de salud del país en el ámbito nacional, como lo hace con la política de Educación, así los gobiernos regionales pretendan hacer de las sedes departamentales sus respectivas chacritas.
El hecho de que el Gobierno Central haya transferido a los gobiernos regionales las administraciones y nombramientos de sus jurisdicciones de salud y educación, no supone el otorgamiento de derecho alguno de desacato a las prerrogativas y controles que se reservan , para el caso, el presidente Alan García, el primer ministro Jorge del Castillo y los titulares de sectores.
La situación crítica por la que atraviesan hospitales y administraciones educativas al interior del país obligan al gobierno a demostrar, en primer lugar, que no ha dejado de ser el gobierno unitario que manda la Constitución, y, en segundo lugar, que está obligado a sentar su autoridad sobre los gobiernos regionales y a no dejarse "sacar a patadas" de donde tiene la responsabilidad de controlar y fiscalizar.
Sería importante que el mandatario convocara a los presidentes regionales a Palacio de Gobierno no para anunciarles su voluntad de cederles más presupuesto, sino para comprometerlos a salvar los servicios de salud y educación de las manos del clientelismo político y de la corrupción.
Entrar en el quirófano de un hospital regional representa para muchos pacientes la más grande locura de cada día, como ganarse un puesto en una escuela representa para un docente el pago de un año de haberes por el favor recibido.
De ahí que ciertos caciques quieran sacar a patadas a quienes apenas se acercan a mover los nidos de ratas que esconden sus administraciones.