FILOSOFEMAS
Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo
Cuando se empieza a leer a Marcel Proust parece que no hubiera relación entre lo que está relatando y lo que acababa de decir antes. Proust da la impresión de perderse en repeticiones imprecisas. Mas, poco a poco, el lector que ha tenido la paciencia de seguir leyendo se va dando cuenta de que hay una sutil vinculación entre todos los temas que se van descubriendo conforme se sigue la lectura. Y decimos paciencia porque, si se carece de esta cualidad, que se halla ausente en personas que con frecuencia poseen una inteligencia superior, es imposible leerlo.
Para encontrar una relación entre un relato y otro que, a primera vista, parecía no tener nada que ver con el primero, hay que revisarlo con un cuidado muy grande y entonces se descubre que el autor no solo no es enredado ni repetitivo sino, contrariamente, un escritor apasionante.
El relato de nuestro autor es autobiográfico. Proust escribe las experiencias que va teniendo desde sus primeras aventuras juveniles hasta casi el final de su vida. A través de su novela "En busca del tiempo perdido" se viven los intensos momentos que experimentó y que se reflejan en su libro escrito en ocho tomos. En el primero, "Por el camino de Swann", relata su amor por la mujer de Swann. En "A la sombra de las muchachas en flor" nos cuenta, en dos tomos, su amor por Gilberta. "El mundo de Guermantes", el relato más extenso, en el que habla de su amor por la condesa de Guermantes. "Sodoma y Gomorra", dedicado a las aficiones del Barón de Charlus, en el que el barón, de manera complicada y plena de contradicciones, le da a entender que le convendría mucho si accediera a su compañía. En "La prisionera" cuenta su amor por Albertina y la manera increíblemente intensa en que la celaba. En "La fugitiva" relata, lleno de congoja, el abandono de su amada. Y en el último tomo, "El tiempo recobrado", evidencia su hambre de vivir y su rechazo a una muerte temprana.
Sin embargo, falleció a los 51 años de un absceso en los pulmones por una bronquitis mal tratada. Hoy habría curado fácilmente, pero en aquella época, fines del siglo XIX y comienzos del XX, la única cura posible era buscar un clima seco que no tuviera la humedad en que vivía el enfermo. Y ni siquiera este cambio garantizaba la curación.
Es interesante observar que constantemente Proust vive enamorado de alguien. En "Por el camino de Swann" está loco de amor por una de las hijas de la pareja. En el tomo de Guermantes vive profundamente enamorado de la condesa de Guermantes, pero deja de amarla cuando ella comienza a corresponderle. Lo mismo sucede con Gilberta y también con Albertina. Esta situación, naturalmente, no se presenta en el caso del Barón de Charluse. Pero no deja de ser revelador su constante enamoramiento y luego su alejamiento de la amada, en el momento en que ella comienza a corresponderle. Esto ha hecho que algunos de sus mejores críticos hayan llegado a la conclusión de que Proust era bisexual, pues hay escenas en su novela en que no cabe la menor duda respecto de esta creencia. Pero haya sido o no bisexual, Proust es uno de los novelistas más apasionantes de los tiempos modernos.