Pasaron 16 años para que los restos de los nueve alumnos y un profesor de La Cantuta, secuestrados y asesinados el 18 de julio de 1992 por el grupo Colina, pudieran reposar en un ataúd y sean conducidos hoy a su sepultura. A decir de los familiares, la justicia (cárcel para algunos de los autores y proceso judicial en marcha para otros) es el bálsamo sobre la herida profunda marcada por el dolor. La confirmación del hallazgo del hueso del dedo de un niño entre los restos de las víctimas de La Cantuta abre otra interrogante.
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