Por José Quezada Macchiavello
Hace bastantes años que la Sociedad Filarmónica no ofrecía un recital de piano duetto (piano a cuatro manos) como el que brindaron Sivan Silver y Gil Garburg, jóvenes pianistas nacidos en Israel que se presentan como The Silver & Garburg Piano Dúo.
No obstante su relativa juventud (apenas poco más de 30 años), estos magníficos pianistas han logrado brillar con un repertorio que suele aparecer con poca frecuencia en las temporadas de conciertos de mayor nivel, como es el de piano a cuatro manos. Ellos han alcanzado un reconocimiento mundial en escenarios sumamente exigentes y en unos cuarenta países.
El inusitado recital de la Filarmónica incluyó un repertorio fundamentalmente romántico, con obras de Schubert, Schumann, Brahms y Mendelssohn.
En la primera parte del programa se escucharon dos obras de Franz Schubert: "Divertissement à la hongroise en sol menor" y "Allegro en la menor Lebensstürne". Resultó demasiado extensa, con dos composiciones en las cuales se observa que el gran maestro de los Lieder y la pequeña forma pianística se desbordaban en ciertas oportunidades, en dilatadas formas que no llegaban a dominar, al carecer de una técnica o más bien de un sentido del desarrollo como el que tenían Haydn, Mozart o Beethoven y después Mendelssohn o el propio Schumann. No obstante, la inspiración melódica soberbia, o los hallazgos en la armonía, están siempre presentes. Incluir estas piezas, que tienen también gran valor técnico por lo pianístico, es siempre interesante, pero habría bastado solo una obra en este caso. Los pianistas hicieron gala de estupenda técnica, de excelente capacidad interpretativa y, sobre todo, de una notable cohesión.
Fue, sin embargo, en la segunda parte del programa cuando dieron lo mejor de su arte, con la ejecución de la versión para piano a cuatro manos hecha por Johannes Brahms del "Cuarteto con piano Op 47" de Robert Schumann. Se trata de una obra exquisita tanto en el original como en la propuesta de Brahms, que logra dar la impresión de que la composición hubiese sido pensada para piano, no para piano y cuarteto. Sin ser extraño entre los compositores románticos --que pensaban precisamente en el piano-- que ese cuarteto ocultara una factura pianística, resulta una muestra de la suprema maestría de Brahms el develarla y la manera como realiza su brillante versión.
Si bien --como he señalado-- es un mérito de The Silver & Garburg Piano Dúo el sentido de unidad y cohesión, destaco el verdadero placer que es escuchar y ver tocar a la pianista Gil Garburg. Extremadamente fina, con delicadeza y, por otro lado, con estupendo y exuberante sonido, es una intérprete de gran nobleza y profundidad.
El "Andante y allegro brillante Op 92" de Mendelssohn, que cerró el programa --obra de suma exigencia especialmente en el plano técnico--, corroboró la notable calidad del dúo. El 'encore', obviamente muy bien recibido y aplaudido, fue la "Malagueña" de la suite "Andalucía" de Ernesto Lecuona, en una versión para piano duetto que pareciera digna de Liszt.