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Alianza ya fue

Rincón del autor. La consigna es pervertir lo antes posible a los juveniles. Sé que todo el fútbol peruano chapotea en la ciénaga de la mediocridad, pero Alianza Lima es su símbolo máximo

Por Abelardo Sánchez León

Alianza Lima es una institución que se niega a alcanzar la modernidad. En sus venas corre todavía aquel gamonalismo costeño que consistía en recoger de Chincha a los morenos mejor dotados, hacerle contratos baratos y establecer una relación paternalista. Es una institución de barrio, vinculada a aquel mundo criollo de callejones dicharacheros en el corazón de La Victoria. A principios del siglo XXI Lima ha crecido tanto que ese universo resulta poco representativo y se convierte, más bien, en exótico, pasadista, costumbrista, 'íntimo', y evade la posibilidad de convertirse en un club con las exigencias de estos tiempos.

Alianza Lima es una institución quedada. Se ha desenganchado de la globalización y prefiere ser un club mal administrado, plagado de compadrazgos y por nada del mundo le entra a la idea de la meritocracia. Es el club de tarjetazos, varas y argolla. Palabras como 'calidad total', 'eficiencia', 'competitividad', 'logros', 'metas' u 'objetivos' no existen. Las palabras que más se utilizan son 'hacerle la camita', 'mecer'o 'amarrar'. Es un club que no desea campeonar, porque le teme a la Copa Libertadores. No quiere llegar tercero porque le incomoda la Copa Sudamericana. Le fatiga jugar dos torneos simultáneos. No ha aprendido absolutamente nada de entrenadores como Autuori, Costas o Pelusso.

Los dirigentes son fantasmales. 'Cuchi' Souza Ferreira se fue y le dejó el cargo a Carlos Franco, que ha permitido el retorno de 'viejas glorias' como Rolando Sánchez. ¿Retornará también Pío Dávila? Alianza se ha detenido en el tiempo, adora la pichanguita y descarta un futuro mejor. Ha empezado a formar parte de los clubes tradicionales mal administrados y le sigue los pasos al Municipal y al Boys. La camaradería fluye entre dirigentes como Carlos Franco y los veteranísimos jugadores Jorge Soto, Santiago Salazar, Juan Jayo y Waldir Sáenz. La consigna es pervertir lo antes posible a los juveniles. Sé que todo el fútbol peruano chapotea en la ciénaga de la mediocridad, pero Alianza es su símbolo máximo. Universitario campeona y Alianza festeja libando la víspera de un partido trascendental. Si todo el 'affaire' del hotel Golf Los Incas fue una farsa, ¿por qué el juvenil Manco se va a ir a Europa sin organizar una chupindanga colosal? La pregunta del millón es: ¿Por qué aceptó venir Richard Páez a esta ruina de club?

A veces me da pena ver saltar al Comando Sur. Lo hace con una ingenuidad increíble, a pesar de su fama de pandilleros, pues creen que esos jugadores que viven por los alrededores de Matute son correctos ciudadanos. Imposible: para ellos el mundo empieza y termina en el jirón Parinacochas. La chiquillada piensa en migrar al toque al PSV o pudrirse con Jayo y Waldir en una chinganita de la esquina.

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