POLÉMICA
Por Wilbert Bendezú C. Vicepresidente del Parlamento Andino
En forma insistente se alzan voces que reclaman que el Perú abandone la Comunidad Andina (CAN) porque supuestamente es más importante continuar con la implementación del TLC con Estados Unidos que seguir en un lugar donde poco o nada hemos conseguido en estos últimos tiempos. Y, sumado a esto, acotan, tenemos socios como Ecuador y Bolivia que navegan a contracorriente en el mundo de hoy. Los más radicales sostienen que lo mejor sería extenderle certificado de defunción a la CAN y enterrarla con funerales heroicos, para luego --solos-- pasar a ser el país líder del continente.
¿Pero, es cierto todo esto? Abandonar la Comunidad Andina significaría dejar de lado las negociaciones que en este momento llevan adelante en bloque sus integrantes con la Unión Europea (que es mucho más que un TLC). ¿Por qué? Porque la Unión Europea no negocia con un solo país, sino que lo hace de bloque a bloque. Así, significaría volver a fojas cero y recomenzar todo un proceso.
¿Qué pasaría con el volumen comercial que hoy negocia el Perú con la UE? El monto de comercio del Perú con la UE bordea los US$5.000 millones. ¿Estamos dispuestos a sacrificar lo que hasta hoy hemos avanzado como país y a abandonar de manera irresponsable la CAN? Pese a que la UE ha paralizado las reuniones de julio en Bruselas, estamos convencidos de que la CAN, más allá de sus diferencias, encontrará una salida para seguir negociando en bloque.
No es bueno generalizar y poner en la misma balanza a Bolivia y al Ecuador. Con insistencia machacona se ha querido hacer creer que el presidente Correa piensa y actúa como Evo Morales. Cuando Ecuador proclamó que respaldaba la modificación de la decisión 486 --lo que estaba previsto--, recién algunas voces cambiaron de opinión.
En contra de lo que puedan decir los defensores del ultraliberalismo, la globalización no camina por el lado de fortalecer solo a un país. El mundo de hoy es un mundo de bloques. Ahí está el ejemplo de la Unión Europea, que ha logrado conglomerar a 27 países y se presenta como una economía sólida, con una moneda que de lejos ya superó al dólar. ¿Un país pequeño y menudo podrá competir de igual a igual con estos gigantes o tendrá que adherirse a un bloque de países e ineludiblemente formar con ellos lo que siempre debió ser nuestro camino, vale decir, la integración política y económica de nuestros pueblos latinoamericanos? El mundo de hoy es un mundo de poderes y la globalización no avanza con países pequeños y menudos. La integración nos señala el progreso y el desarrollo. Todo lo demás es un salto al vacío.
¿Es entonces España el espejo en el que debemos mirarnos? Quienes cuentan historias a medias no dicen que ese país basó su desarrollo no solo en el esfuerzo de su gente, sino también en los más de 150 mil millones de euros insuflados a su economía (por la Unión Europea y que seguirá hasta el 2013). No resaltan que el 90% de su inversión proviene de la Unión Europea. Si queremos ver a España como ejemplo de país, lo que no debemos olvidar es que gran parte de su desarrollo se debe al proceso de integración que se vive en Europa.
¿Es cierto que Chile tiene sus propios TLC y hoy su economía floreciente nos señala el camino para desarrollarnos como país y fuera de cualquier bloque? Chile logró su despegue económico y llegó hasta donde tuvo que llegar. Hoy se han dado cuenta de que si no se adhieren a los bloques, simplemente no podrán resolver la crisis energética que se les viene encima. Son las ventajas comparativas de nuestras naciones las que empujan a Chile a ser parte (asociado) de los bloques. Chile hoy ha vuelto a la Comunidad Andina como país asociado y también al Mercosur. La presidenta Bachelet, con entusiasmo desbordante, ha recibido la bandera de la integración que le entregó el presidente Alan García con motivo de la reunión de Unasur. ¿Hay futuro fuera de los bloques en América Latina?