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No tengamos más organismos sin ruedas

Por: Juan Paredes Castro |

Alguien tiene que decirle al presidente Alan García que todo nuevo organismo gubernamental o nuevo nombramiento de alto nivel estará condenado desde un comienzo al fracaso si no viene acompañado de poderes y presupuestos reales y efectivos.

La creación o innovación resulta aun peor cuando tales organismos y nombramientos pretenden llenar vacíos en la estructura del Estado o duplicar funciones ya establecidas en el papel, pero que no operan en la práctica.

Esto es lo que ha pasado en cierta forma con la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) y con su titular, ahora renunciante, Carolina Lizárraga, que un día vieron la luz pública en medio de una contraloría celosa de perder ante ella sus competencias y de un sistema anticorrupción, de sólido fortalecimiento con Valentín Paniagua, de evidente debilitamiento con Alejandro Toledo y de casi total disolución en la actualidad.

Es cierto que la ONA pudo haber marchado bien si es que el Gobierno le ponía ruedas, es decir, suficientes recursos y mandatos autónomos y explícitos para ocuparse fundamentalmente de aquellas líneas de investigación anticorrupción no vinculadas directamente al trabajo de los procuradores del Estado ni al que habitualmente realiza la contraloría en el particular campo de la prevención y auditoría de las inversiones y del gasto corriente en la administración pública.

La ONA ha perdido a su 'zarina' Carolina Lizárraga, ha perdido la brújula que parecía marcarle un derrotero diferencial y ha perdido la posibilidad de su inserción eficaz en la estructura del Estado.

Esto mismo podría pasar con el Centro de Planeamiento Estratégico (Ceplan) si no recibe plenos poderes desde su nacimiento y si su presupuesto se convierte en el más retorcido de los alambiques de la burocracia estatal. Asimismo, tendrá que manejar objetivos muy claros y de ninguna manera cruzados con otros de instituciones similares del Estado, que también planifican, proyectan y construyen escenarios decisivos para el desarrollo del país.

El Gobierno no debería perder su tiempo en pretender hacer rodar invenciones sin ruedas ni hacérselo perder a muchas personas que terminan creyendo haber sido llamadas a una misión fundamental que luego se convierte en una terrible decepción.

Dejemos a los 'zares' y 'zarinas' habitando las intensas páginas de la realidad y la ficción rusas. No intentemos encarnarlos en funcionarios o funcionarias que lo que seguramente quieren, en verdad, es servir al país con la mejor intención, pero desde un puesto concreto y tangible, y con posibilidades de exhibir resultados medibles y evaluables.

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