Por Luis Davelouis Lengua
Pocas herramientas financieras son tan poderosas como el crédito: este permite, en la práctica, disponer hoy de un ingreso o ahorro futuro. En efecto, al acceder al crédito se puede realizar un gasto que no está dentro de sus posibilidades actuales pero que, con algún tiempo y esfuerzo, podría realizar en el futuro. El ahorro es progreso. ¿Pero, por qué esperar a haber ahorrado un determinado monto por cuatro largos años cuando es posible hacerse de un bien o servicio el día de hoy y empezar a pagar de a pocos? Si está dispuesto a pagar (y si es consciente) el costo del financiamiento, pues adelante.
Más allá de que el crédito de consumo se esté encareciendo como resultado de las medidas del Banco Central de Reserva (BCR), todavía es posible --inevitable, dirán algunos-- que, antes de que usted se haya decidido a acercarse a alguna institución financiera a pedir uno, ya lo hayan llamado por teléfono a su casa y a su oficina a ofrecerle alguno.
¡CÁRGUELO A LA CUENTA!
Como explica el gerente de tarjetas de crédito y préstamos personales del Banco de Crédito, César Casabonne, una tarjeta de crédito es un medio de pago que reemplaza al dinero físico o efectivo, solo que es más práctico (permite financiar las compras, no ocupa espacio físico), más seguro (si es robada no puede ser utilizada como el efectivo) y más flexible (permite acceder a toda la gama de servicios que ofrece su banco).
El gerente de Consumo y Medios de Pago del BBVA, Samuel Sánchez, concuerda, pero agrega que, además, las tarjetas de crédito tienen toda una gama de atributos que las personas suelen pasar por alto: "Hay muchos beneficios adicionales al estar afiliado a una tarjeta de crédito, desde programas de puntos hasta servicios de salud y seguros".
Sin embargo, el crédito puede convertirse en un arma de doble filo, como señala (y demuestra) la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), con sus últimas campañas de información. La idea es que la tarjeta reemplace al dinero físico, no que se convierta en una extensión permanente de su poder adquisitivo. Porque tendrá que pagarlo.
CADA COSA EN SU LUGAR
¿Pero, entonces, qué se puede o debe comprar con una tarjeta de crédito? Sánchez sostiene que, siempre que uno sea ordenado, puede pagar con tarjeta todo lo que se quiera: la universidad de sus hijos, la membresía del club, la luz, el cable, las comidas en la calle, las compras en el supermercado.
Es lógico: si paga antes de la fecha de corte, sus consumos no le generarán intereses, ni portes, ni comisiones y aún así tendrá todos los beneficios que el utilizar una tarjeta de crédito representan.
Si, por otro lado, usted no es ordenado, es probable que termine por no saber cuánto es lo que realmente paga por lo que consume: al pagar en cuotas siempre tendrá un saldo deudor que generará intereses y cualquier consumo adicional se licuará dentro de su cuenta. Ello hará irreconocibles sus nuevos consumos y los intereses generados por ellos, haciéndole muy difícil --si no imposible-- calcular lo que en realidad le están costando las cosas.
OTRO CAMINO
Si lo que busca es realizar un gasto mayor, como invertir en una maestría, un auto o cualquier otra cosa que represente un desembolso tan importante que no le quedará más remedio que fraccionarlo en el tiempo, mejor obtenga un crédito personal o de libre disponibilidad. Las tasas para ellos son más bajas que las de las tarjetas de crédito y no son revolventes, lo que significa que no podrá volver a usar lo que ya pagó, como sí con una tarjeta de crédito. Disciplina forzosa.
Hay un punto muy importante que no se debe perder de vista: si va a realizar un gasto grande por el que deberá pagar durante cuatro años, intente que sea en algún bien o servicio que usted pueda disfrutar mientras realiza el pago: el ejemplo clásico es un auto. Pero imagine que utiliza el crédito para irse de viaje a Europa con toda su familia. Al cabo de un mes, acabado el paseo, debe empezar a pagar el préstamo por tres años (se fue a Europa con su esposa y sus tres hijos adolescentes por un mes) y a la mitad del segundo año no le quedarán muchas ganas de seguir pagando. Créalo o no, como dice Sánchez, es una de las cosas que se ha de tener en consideración incluso por las instituciones que otorgan este tipo de créditos.
¿QUÉ DECIDIR?
Una tarjeta de crédito tiene múltiples usos en el mundo cotidiano. También si quiere darse un gusto de una vez y está dispuesto a cancelar la deuda rápidamente.
Podría optar por un crédito personal si es que tiene un plan definido de lo que va a hacer con el dinero es decir, es menos impulsivo y habrá sido mejor estudiado. Y no lo olvide: lo innecesario, incluso a un centavo, es caro.
La importancia del acceso al crédito