EN BENICASSIM. El mayor festival español de música
Por Raúl Cachay A.
CASTELLÓN, ESPAÑA. El Festival Internacional de Benicàssim, o simplemente FIB, sigue siendo la cita mayor de la música de calidad en la península ibérica. Este año, no obstante, tuvo que enfrentarse a incontables retos, desde la inesperada cancelación del artista más importante de su cartel hasta la competencia inverosímil de encuentros afines como el Summercase de Madrid y Barcelona, que esta vez coincidió precisamente con los dos días centrales del FIB.
La organización se comportó a la altura de esos retos: primero consiguió confirmar la presentación del enorme Leonard Cohen, y luego, ya en el balance posterior a la gran fiesta, redondeando un festival de actuaciones inolvidables. Como la del propio Cohen, que con solo diez canciones se metió al bolsillo a un auditorio gigantesco. Una epifanía fue el repaso obligado a "Hallelujah", ese dulce letargo en forma de plegaria, y que en Benicàssim fue cantado por un coro de 30 mil conmovidas gargantas. Con elegancia rigurosa, el maestro doblegó a la gente con temas como "Suzanne", "So Long, Marianne" o "I'm Your Man". Fue tal la estela dejada por ese recital que, en lugar de mudarnos a otra de las carpas para escuchar al notable crooner británico Richard Hawley, preferimos permanecer en el escenario Verde, el principal, para ser hipnotizados por el 'duende' del mítico cantaor Enrique Morente y sus versiones de temas de Cohen junto con Lagartija Nick. Y no nos equivocamos, pues fue otro recital de antología, que celebró el relanzamiento en España del álbum "Omega", calificado por la revista "Rock de Lux" como el sexto mejor álbum en toda la historia de ese país.
Pero todo eso ocurrió el domingo pasado. El jueves, cuando el FIB empezó oficialmente con su habitual fecha preliminar, los triunfadores fueron los islandeses de Sigur Ros. Por momentos angelicales e hipnóticos, por otros genuinamente cataclísmicos, la banda recorrió toda su discografía, y cerró su presentación con "Gobbledigook", el primer sencillo de su último disco, "Med Sud I Eyrum Vid Spilum Endalaust". Esa misma noche, los Black Lips desataron el descontrol con su 'ritmo enfermedad' (dato leído recientemente: la banda predilecta de estos muchachos es nada menos que la peruana Los York's) y una contundente sesión de garaje rock que tuvo una de sus cúspides con la genial "Oh Katrina". Antes, los Mate of State propusieron el arrobo pop, mientras que en otro escenario, más tarde, los indefinibles Battles fraguaron una incendiaria sesión de 'math rock', o como sea que se llame el estilo que practican. También se presentaron los Nada Surf , la banda española Krakovia, el inglés Lightspeed Champion y, como siempre, el peruano Aldo Linares se encargó de inaugurar el festival con una atemporal sesión de DJ en la que no faltaron cortes de Presley y Cash. Un arranque notable.
La banda más esperada del viernes fue, sin competencia posible, la reformada My Bloody Valentine, en cuya performance no faltaron los hitos de "Isn't Anything" y "Loveless", amén de la proverbial mala leche de sus integrantes: no hubo palabras para el público y ni siquiera alcanzaron a dirigirse la mirada entre ellos. Quizás siguen tan peleados como antes, pero ni el mas insensato 'fiber' puede cuestionar que aquella noche tocaron como los dioses. Hubo otros conciertos emocionantes aquella velada, pero vale destacar a tres inesperados triunfadores: primero, el demente Pete Doherty, quien fomentó una lluvia de vasos de cerveza en el escenario principal al interpretar los temas más populares de sus divertidos Babyshambles; luego, los New York Dolls, quienes se dieron un baño de multitud y demostraron que el rock and roll de pura cepa sigue irrigando sus entrañas; y, finalmente, Mika, que entendió perfectamente la responsabilidad de ser cabeza de cartel en un festival de tanta magnitud y presentó un espectáculo de proporciones circenses.
El sábado fue probablemente el día más agotador y gratificante. Todo empezó con el dúo británico de electro pop The Ting Tings. El asunto siguió calentándose con el rockabilly de Jon Spencer y su proyecto paralelo Heavy Trash, aunque los problemas de sonido arruinaron una presentación triunfal. Más adelante, el genial Mark Eitzel derrochó fragilidad y poesía al frente de los American Music Club. Luego hubo que correr para encontrar un buen lugar en el escenario principal, pues se venía toda una concatenación de portentos. Desde Kentucky, los My Morning Jacket ofrecieron el recital más explosivo del FIB 2008. Luego, The Kills consiguió empujar a las 20 o 30 mil almas que se agolpaban en el escenario principal hacia un sótano en el que las luces son tenues, el humo es denso y la música golpea donde debe hacerlo. Los alemanes Booka Shade hicieron bailar a una marea humana con una sesión electrónica que bebió sin remordimientos de los orígenes mismos del electro. Esa también fue la noche de Gnarls Barkley y los Raconteurs, pero el monarca de las bandejas en las primeras horas del domingo fue el pinchadiscos canadiense John Acquaviva, uno de los pioneros del minimal y el encargado de colocar un broche dorado en la jornada más extenuante (y feliz) del fin de semana que pasó.
Ya dijimos que el domingo le perteneció a Leonard Cohen, pero hubo otras atracciones igualmente memorables en la jornada final del FIB Heineken 2008. Podemos empezar con el recital que ofreció The National. La banda de Matt Beringer destiló tristeza y catarsis al interpretar los temas de sus más recientes discos, "Alligator" y "Boxer", y posibilitó que fuéramos preparando el cuerpo (y el espíritu) para lo que se venía. Cohen, Morente, claro, pero también Morrissey y Siousxie, dos referentes inesquivables del post punk y el indie británicos. El primero, como en todos sus conciertos, fue provocador y socarrón, reclamándole a los organizadores del festival que dejen de estimular la crueldad y promuevan el vegetarianismo en el FIB; y quejándose de la música tecno que se podía escuchar a lo lejos, en los otros escenarios. No faltaron los hits ("Last of the Famous International Playboys", "First of the Gang to Die"), los guiños al inmenso catálogo de los Smiths ("Ask", "How Soon Is Now") y el ocasional cover, en este caso a un tema de los Buzzcocks ("You Say You Don't Love Me"). Siousxie, por otro lado, mostró una vitalidad coreográfica que no esperábamos y se ganó al público con muchos clásicos de sus años con los Banshees, aunque las canciones de su flamante "Mantaray" tampoco desentonaron.
Igual, tras el balance artístico vale la pena destacar las cifras que arrojó el festival, divulgadas por la organización en una conferencia de prensa realizada el domingo, y en la que estuvieron el director del FIB, José Luis Morán, y Françesc Colomer, alcalde de Benicàssim. En total, asistieron mas de 148.000 personas (60% extranjeros), que generaron un impacto económico que rondó los 14 millones de euros. La decimocuarta edición del FIB fue un éxito total. Que venga ya la decimoquinta.