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Fortaleza que el Gobierno convierte en debilidad

Por: Juan Paredes Castro |

La reacción del Gobierno a la posición frontalmente crítica de la lideresa del PPC, Lourdes Flores, ha combinado una pequeña dosis de explicaciones bien hechas y otra abundante de intolerancia, lo que no le hace nada bien al espacio de debate político que necesita el país.

Sobre todo cuando está en vigencia un mensaje presidencial de balance que requiere precisamente ser analizado y discutido.

En efecto, lo que ha hecho Flores es representar por un momento la voz de la oposición que el propio presidente Alan García quería escuchar y lo ha hecho poniendo énfasis en su reclamo de reformas que ella no ve en el Estado y una mayor calidad en los servicios de educación, salud y seguridad que igualmente le parece imperceptible.

Ha empleado calificaciones como la de "conservadurismo" para las políticas del régimen y de "presidente de los ricos" para marcar el contraste con el mote que a ella le puso el Apra durante la pasada campaña electoral como "candidata de los ricos". Frases más o frases menos, lo cierto es que, en el fondo, Flores ha ejercido su derecho a criticar al Gobierno y este ha cometido el error de convertir en debilidad una de las mayores fortalezas que lo acompañan hasta hoy, al pasar, por un día, de la tolerancia a la intolerancia.

Si la respuesta del Gobierno se hubiera limitado a la intervención del primer ministro Jorge del Castillo en Radio Programas, con sus ajustados argumentos respecto de la obra y los aciertos del gobierno, inclusive con su indisimulado disgusto por aquello del "presidente de los ricos", todo hubiera estado dentro de lo correcto.

Lamentablemente sobrevino a ello una sucesión de destempladas voces oficialistas contra Flores, sin la consistencia y serenidad de Del Castillo. Aparentemente había el propósito, digamos orquestado, de no dejar piedra sobre piedra de los cuestionamientos hechos desde la vereda de enfrente, no importa cuán mal quedara el Gobierno en un arrebato que debería cuidar en no repetir.

Es comprensible que al Gobierno le molesten aquellas críticas no basadas en la verdad, generalmente desinformadas y cargadas de propósitos desestabilizadores. Pero tiene que distinguir y aceptar también, así sea a regañadientes, aquellas otras que, equivocadas o no, iluminan más de un ángulo de la administración estatal y contribuyen a enderezar errores muchas veces garrafales.

No queremos pensar en la posibilidad de que cada vez que haya una crítica al Gobierno desde una posición política importante como la de Flores, saldrá a su encuentro toda una maquinaria de demolición para hacerla añicos.

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