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ECONOMÍA GLOBAL Y HUMANISMO CRIOLLO

Para romperse el alma

Por Fernando Vivas. Periodista

Entre tanto martilleo de axiomas económicos, lo de la reforma del alma en boca de Alan García me sonó a un bonito vals .

"Alma, corazón y vida" es una de las canciones más populares del cantoral costeño --García se habrá jaraneado con ella más de una vez--, y por eso el retintín de la palabra en la boca presidencial me sonó a humanismo criollo tardío, pero oportuno.

No estoy ironizando, sino rescatando, primero, que el presidente abandonara por un rato el determinismo económico global de su mensaje y, segundo, que su invocación al alma ha sido laica. No se desprende del discurso la idea de encargar a la Iglesia, con cuyo cardenal está en tan buenas migas, el planteamiento de políticas de Estado para cambiarnos el cacumen. ¡Dios nos coja confesados!

Una reforma del alma sugerida desde el Estado tiene que ser laica, porque debe invocar a todos los credos y carteras. En realidad, el concepto está más emparentado con la filosofía de los griegos precristianos y su 'cuidado del alma' que ha derivado en teorías sobre la educación, que con la religión católica que prefiere la palabra espíritu.

Pero García apenas ha entonado el vals. No hay aún nada que cantar porque no ha anunciado las políticas de Estado intersectoriales y con participación ciudadana que, imagino, deben traducirse en propuestas legislativas, planes piloto y campañas persuasivas para abandonar malas conductas y adoptar buenas ondas.

Deploró el racismo y puso como ejemplos por combatir a los padres violentos, los choferes ebrios, los evasores de impuestos y los coimeros, pero no dijo qué tipo de ente o personalidades llevarían la batuta de la tolerancia cero al alcohol en las pistas, de las nuevas propuestas legislativas para reducir la discriminación o de los planes piloto para decidir si una estrategia contra las coimas es la correcta.

O sea, García no se ha roto el alma para hablar de ella e incorporar en la figura temas de los que no gusta hablar: desigualdad extrema, homofobia, transparencia. A este regaño responderá, con razón, que el cambio de actitudes surge de una convicción personal e incluye quitarse la manía de culpar al Estado por todo. Y replicaremos, con igual razón, que mucho puede hacer el Gobierno por empujar el cambio y dar ejemplo de él. En síntesis, la reforma del alma ha de correr pareja con la reforma del Estado.

Hasta ahora, la campaña que mejor podría encajar en el concepto de reforma del alma ha sido la promoción de la puntualidad. No conozco estadística que mida sus efectos, pero percibo que ha tenido cierta eficacia. Esperamos una campaña más ambiciosa y que no tenga móviles subalternos (en ese caso, García trataba de subrayar su diferencia con el impuntual Alejandro Toledo).

El buzón nacional de sugerencias está abierto, pero hace falta convocar a la gente para armar campañas de verdad. Si no, todo habrá sido un hipócrita saludo al alma.

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