Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

El caballero de la noche

Sin duda la última película sobre Batman, que rompe récords de taquilla, es la más atractiva cinta de superhéroes en mucho tiempo

Por Ricardo Bedoya

No es, claro, la mejor de Batman, porque se pueden preferir las dos que hizo Tim Burton, sobre todo la segunda, Batman vuelve, que tenía a dos entrañables villanos: la Gatúbela de Michelle Pfeiffer y el Pingüino de Danny DeVito, compitiendo en convertir su grotesca alteridad en un signo de nobleza. El mundo cruel, siniestro y cercano al Grand-Guignol, pero a la vez festivo y carnavalesco de Burton, convertía a Batman en un ser excéntrico, con rasgos de monstruosidad o animalidad, al igual que sus rivales. Y mostraba a Ciudad Gótica como un lugar intemporal, mezcla de futuro y pasado, prefiguración de la ciudad crepuscular de sangre, ilusión y crímenes de Sweeney Todd.

El Batman de El caballero de la noche es, en cambio, de una seriedad imperturbable, sin asomo de farsa o carnaval. A Nolan no le interesa el lado colorido, lúdico, farsesco, visionario de la historieta. Al contrario, carga las tintas en una imaginaría oscura que transforma a Batman en una gárgola que padece los síndromes de Harry el sucio y El vengador anónimo. Al frente está el Guasón, que luce como un destructivo anarquista post-punk de maquillaje chorreado y tics copiados de Marlon Brando o parodiados del viejo estilo Actor's Studio de los años cincuenta.

Nolan es un director que sabe lo que hace, pero al que aterra parecerse al resto. No soportaría el reproche de haber hecho un Batman banal, convencional, o de haber filmado un blockbuster de pura fórmula. Y no lo hace, claro.

El caballero de la noche muestra un oficio magnífico y Nolan, por ratos, a veces se da aires del gran cineasta que no es. Tim Burton es un "autor" cinematográfico hasta cuando respira. Nolan, en cambio, acierta en escenas fuertes que son contadas, cuatro o cinco "morceaux de bravoure" en todo el filme. En casi todos esos momentos privilegiados aparece el Guasón, papel póstumo, hasta el momento, de Heath Ledger (no se sabe aún si se incluirá su participación en The Imaginarium of Doctor Parnassus, de Terry William, que no terminó de filmar).

Los roles de villanos en las películas de superhéroes dan patente de corso a los actores que los encarnan para empinarse sobre el resto, pasarse de la raya, sobreactuar, robarse el show. Los respalda el origen arbitrario, exagerado o grotesco de su modelo original. No tienen pautas realistas que respetar. Ledger es aquí una suerte de marioneta alucinada, bufón demoníaco y agente del caos; payaso con maquillaje corrido por la malanoche que esconde la cicatriz de su sonrisa forzada, como la del Hombre que ríe, de Paul Leni adaptando a Víctor Hugo (recordado también en El laberinto del fauno y en el crimen de La Dalia Negra).

A diferencia del Guasón de Jack Nicholson, que jugaba a la caricatura y al exceso del payaso que termina asustando al niño al que quiere divertir, el de Ledger apunta hacia otro lado. Sus miradas que se extravían o se fijan en el interlocutor mientras bambolea la cabeza; el gesto de relamerse o alisarse el pelo; el modo en que esconde la cabeza entre los hombros como una lechuza, y sus caminatas entre desafiantes y ensimismadas, parecen parodiar a los grandes actores de la intimidad y de la emoción que se carga hasta lo insoportable, desde Brando hasta Sean Penn. El cuento que evoca su pasado con la pregunta "¿por qué tan serio?", narrado con esa voz que amenaza y susurra a la vez, recuerda los monólogos de Brando en Viva Zapata o Último tango en París, pero dichos por un Ledger parado frente al espejo deformante de una feria.

Los logros mayores de la película son el Guasón de Ledger y el diseño de la producción, con una Ciudad Gótica vista desde rascacielos de los que se arroja Batman para dar una impresión de vértigo que debe gozarse en las grandes pantallas Imax que no existen en el Perú.

Lo más débil tiene que ver con la ansiedad de Nolan por empapelarnos con el debate de todos los terrores y traumas posteriores al 11 de setiembre. Es decir, el convertir a Batman en sujeto de debates éticos. ¿Puede combatirse el terror y el caos con medios escrupulosamente legales? ¿Cuáles son las fronteras de la corrección al tratar con una delincuencia que destruye por destruir y goza con el desorden? Asuntos que recargan la mayoría de los diálogos hasta el punto de volverlos temáticos, concienzudos, farragosos, ilustrativos, explicativos, alargados.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook