Por Fritz Du Bois
En su último arrebato, Hugo Chávez ha decidido expropiar un banco de capitales españoles para sumarlo a las compañías eléctricas, telefónicas, cementeras, siderúrgica, azucarera, entre otras, que ha nacionalizado en los últimos tiempos. Parece un poseído en una carrera desenfrenada por crear de manera acelerada un desastre empresarial para el Estado Venezolano, lo que a los peruanos nos hace recordar los años de Velasco.
Más aun, el fantasma de los setenta parece recorrer la región, la confesión de Evo Morales que a él no le importa que las locuras que se le ocurren sean ilegales parece salida de las memorias de Velasco, quien cuando informado por sus abogados que no podía confiscar diarios de oposición y que sin lugar a dudas sus propietarios ganarían cualquier amparo que interpondrían, su primera pregunta fue a quién poner a cargo del Poder Judicial luego de disolver el supremo tribunal. En su torcida lógica dictatorial él siempre tenía la razón mientras que el Estado de derecho era irrelevante y fácilmente reemplazable.
Por ello, no debemos olvidar que las dos décadas perdidas de nuestra historia, los setenta y ochenta, nos dejaron un PBI per cápita menor del que teníamos cuando empezaron y un eficiente país agrícola convertido en un dependiente alimentario hasta hoy en día; un conjunto de empresas públicas que perdieron 20 mil millones de dólares y que generaron un déficit de inversión en infraestructura del cual aún adolecemos; una deuda externa equivalente a 130 por ciento del PBI y un proteccionismo que nos llevó a una economía tan ineficiente como eran entonces las de Europa del Este. Por lo tanto, no tenemos duda alguna del desastre anunciado que les espera a esos países con políticas intervencionistas, que donde se han implementado han fracasado.
Por otro lado, si bien es espantoso lo que les espera a esos pobres pueblos cuando llegue el día del inevitable ajuste final de vuelta a la realidad, el hecho innegable es que esas políticas trasnochadas juegan para nosotros, ya que sirven para diferenciarnos aún más y resaltar nuestro buen desempeño actual. Como el último informe del FMI que, inflación aparte, nos llena de elogios. Con ello podemos esperar firmar más tratados de libre comercio y que siga aumentando el flujo de inversión extranjera que este año debe de ser un récord de 8 mil millones de dólares, lo que seguirá apoyando un fuerte crecimiento. Dicho sea de paso, hablando de crecimiento, es extraño que quienes siempre han propugnado los impulsos fiscales y que los aplicaron cuando estuvieron a cargo del Tesoro, dejando de paso un déficit con impuestos más altos, ahora estén pidiendo a gritos frenar la economía. La pregunta que uno se hace es: ¿qué tan bajo debe de ser el crecimiento para que sea electoralmente potable decir que fracasó el modelo?
En realidad, el error que están cometiendo tres de los cinco países andinos de recorrer el mismo desastroso sendero que nosotros seguimos es tan garrafal que no debe sostenerse por mucho tiempo más. Así que Humala o quien Chávez elija como su representante en la próxima elección no tendrá argumento alguno para decir que al otro lado de la frontera, donde se implementan sus ideas, la vida es mejor. Sin embargo, nunca se debe ser confiado y siempre es probable que otro salto en el petróleo les prolongue la existencia. Así que no caigamos en el juego, ni corramos riesgos y de ninguna manera hagamos caso de aplicar un innecesario frenazo.