Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

¿Una cuestión de trote o de compás?

Por: Juan Paredes Castro |

El ingreso en su tercer año obliga al Gobierno a marchar, en algunos tramos, a trote, pero fundamentalmente a acompasar y sincronizar el paso a lo largo de toda la complicada ruta pendiente, de aquí al 2011.

Aunque el Gobierno cree actuar en muchos casos correcta y decididamente por cuenta propia, olvida por lo general que su papel no comienza con él y termina en él, sino que necesita ser apoyado y complementado desde otros poderes públicos y privados, mediante, por supuesto, políticas de coordinación y sincronización que hoy en día escasean o están anuladas por la ineficiencia y la corrupción.

En el caos corrupto y sangriento del transporte público de pasajeros y carga saltan a la vista abismos absurdos entre un Ministerio de Transportes que le roba funciones de control a la Policía Nacional y una Policía Nacional que por querer abarcarlo todo no quiere perder lo que bien podrían manejar los municipios, como la administración del tránsito. Y también entre las denuncias de un Gobierno tímido en hacer cumplir la ley y un Ministerio Público y un Poder Judicial, que por quítame este amparo o recurso, echan abajo, cínicamente, todo principio de autoridad en un país que se acostumbra cada día más al imperio de la impunidad.

En el caliente tema de la descentralización del país hay demasiadas piezas sueltas sin bisagras ni planeamiento, que van desde la defectuosa distribución del canon minero (explosivo factor de inequidad social) hasta el descuidado proyecto de las macrorregiones, pasando por la probada y dolosa ineficiencia de algunos gobiernos regionales, sobre los cuales la autoridad del Gobierno Central no se hace sentir.

¿Quiénes tendrán que trabajar en la ejecución del paquete de decretos legislativos destinado a adecuar al país a las exigencias del TLC con Estados Unidos? ¿Solo el Gobierno? ¿Y qué hay de un Congreso que amenaza con revisarlos más allá de lo que manda la ley?

La cuestión no es, pues, ir a todo trote en crecimiento e inversiones, porque el crecimiento y las inversiones demandan señales de confianza no solo en las cifras azules y en la solidez de la macroeconomía, sino además en verdaderos candados anticorrupción, sin las llaves maestras cedidas a la criminalidad pública y privada.

Hasta el inventor de la marcha oficial a trote, el general Edwin Donayre, sabe que el poder militar no únicamente depende de un eficaz núcleo básico de ataque y defensa. Requiere de Fuerzas Armadas con salarios y jerarquías sincerados y con un alto grado de profesionalismo que no se parezca en nada al que fungían representar Vladimiro Montesinos y el grupo Colina.

Necesitamos menos trote y más compás, sincronización y coherencia en el paso gubernamental y del Estado.

Seamos vencedores del paso adecuado y no solo imitadores del paso de vencedores.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook