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ENTREVISTA EXCLUSIVA. Lucrecia Martel

"¡Quisiera ser jurado siempre!"

LA REALIZADORA ARGENTINA PRESENTA EN LA SECCIÓN OFICIAL SU TERCER FILME: "LA MUJER SIN CABEZA". EN UNA ENTREVISTA TELEFÓNICA RESPONDE NUESTRAS PREGUNTAS SOBRE SU PARTICULAR MANERA DE CONTAR HISTORIAS

Por Alberto Servat

Lucrecia Martel se dio a conocer internacionalmente tras la presentación de su primer largometraje, "La ciénaga" (2001), en una serie de festivales. La unanimidad con la que fue recibido este drama familiar entre la crítica y los cinéfilos fue sorprendente. Luego llegó "La niña santa" (2004) que confirmó su lugar como una cineasta de un estilo único. Su tercera película, "La mujer sin cabeza", ha despertado opiniones encontradas, pero eso no le impidió ser parte de la Sección Oficial del Festival de Cannes de este año. Ahora, esa misma cinta compite en Lima por el premio mayor.

Te esperábamos este año para el Festival de Lima pero no vendrás.
¡Qué macana! Es que coincide con el estreno de "La mujer sin cabeza" en Salta, mi ciudad. Me hubiera encantado porque no conozco Lima.

En los últimos años no solamente el cine argentino ha despertado un entusiasmo muy especial en los cinéfilos, sino que tus películas han conseguido una aceptación unánime en todo el mundo. ¿Cómo ves este impacto que ha tenido tu cine?
La verdad es que siempre hay un factor de sorpresa. Porque en el proceso de hacer una película uno no está pensando en la respuesta que va a tener la crítica o el mundo. Uno piensa o tiene en mente a un entorno más inmediato. La gente que conoces, tu ciudad, tu país. Gente con la que compartes cosas más íntimas de tu cultura. Siempre es una sorpresa que en países donde todo es tan diferente alguien tenga un contacto tan profundo con lo que hiciste. Esta es la tercera vez que filmo y sigo sintiendo lo mismo.

La primera vez que vi "La ciénaga" fue en Nueva York. Entré al cine sin saber de qué se trataba y lo que me sorprendió de entrada es el lenguaje que utilizas. Las cosas no se dicen directamente, el espectador se introduce en un universo y lo va armando. Ni siquiera las relaciones entre los personajes son claras desde el inicio. ¿Así crees que debe ser el cine?
Lo que debe ser mi cine sí. Pero no elevaría a premisa universal mis ideas sobre el cine porque me encanta ir a ver películas distintas. Lo que sí creo es que hay un cine cuyo objetivo es el entretenimiento entendido de una manera que a veces a mí no me entretiene. Otro tipo de cine cuyo mayor objetivo es contar una historia, a mí me parece que no necesariamente es lo más importante que puede pasar. Y hay otra gente, donde estoy yo, que lo que quiere es compartir una percepción del mundo, una serie de emociones e ideas sobre las que uno tiene nada demasiado contundente que decir. Es el cine que hago.

En "La ciénaga" encontramos a Graciela Borges de regreso en la pantalla en un papel a su medida. ¿Pensaste en ella desde un inicio?
Cuando escribo un guion no pienso en ningún actor. Como para mí el proceso de escritura tiene que ver con la memoria, el mundo de los actores me resulta ajeno. Pero cuando ya estaba escrito el guion una amiga me pasó un video sobre algo que Graciela había hecho en televisión y me pareció perfecta para el personaje. Le mandé el libreto y ella aceptó sin terminar de leerlo. La verdad es que fue algo muy afortunado.

¿Cómo planteas en el guion una escena tan compleja como la de la piscina, con todos esos vidrios y los personajes borrachos? ¿Como una sucesión de imágenes o es más literario?
El guion está escrito de una manera literaria y nunca pongo acotación alguna sobre cómo deben ser los planos. Eso uno lo piensa en el momento en el set. Y particularmente esa escena la hicimos rapidísimo porque se iba la luz y porque no teníamos más película. Esa escena y otra más las hicimos contra el reloj.

Otro aspecto que me atrae de "La ciénaga" es ese enfoque tan siniestro de la naturaleza.
Así es. Está en las tres películas. El espacio siempre es como una emanación de la situación en la que están los personajes. Digamos que nunca he trabajado con la naturaleza como algo bucólico, donde uno va a refugiarse. Enfoco todo lo que está afuera de los personajes como una prolongación de ellos mismos.

La niña santa toca temas religiosos dentro de una comunidad de provincia. ¿Eres religiosa o tal vez antirreligiosa?
Como el 87% de latinoamericanos tuve una formación religiosa. Y en algún momento de la adolescencia me interesó como lugar de reflexión y por eso mismo me alejé de la Iglesia Católica. Me imagino que en las otras iglesias debe pasar igual. Mientras más seriamente la tomas, más te alejas. Esa es la paradoja.

Freud dice que los jóvenes pierden la fe religiosa cuando la autoridad del padre se derrumba. ¿Es tu caso?
En mi caso coincidió con que empecé a estudiar Astronomía. A los 15 años me regalaron un telescopio y las reflexiones sobre la ciencia me hicieron alejarme de la Iglesia.

Veo un entorno familiar en tus películas tan fuerte que me lleva a pensar que así es tu vida.
En cierto punto sí, porque somos siete hermanos y muy unidos. Pero me parece que esa forma de relacionarse no es algo exclusivo de mi familia. Lo veo en mis amigos con sus familias. En general me gusta como marco narrativo esas situaciones muy endogámicas. Me resultan muy agradables porque las conozco bien.

Al igual que Graciela Borges en "La ciénaga", Mercedes Morán encuentra un papel ideal en "La niña santa". Sin ser una gran belleza resulta fascinante en cada escena. La vemos desde un ángulo sensual inesperado.
Te voy a decir una cosa. Va a sonar un poco raro, pero decir otra cosa sería una gran mentira. Para filmar bien a un actor o una actriz tienes que sentir un poco de deseo. Porque la relación que uno tiene a través de la cámara con las personas tiene que tener algo de deseo. No es que quieras acostarte con los actores. Pero si no sientes algún tipo de intensidad, algo físico hacia esa persona, no sabes ni cómo encuadrarlo. Lo haces de cualquier manera y sale mal. Hay una relación amorosa a través de la cámara. Y creo que las veces que he acertado con los actores es porque esa situación se ha producido.

William Wyler consiguió los mejores retratos femeninos con Bette Davis. Y tenían una relación muy tortuosa.
O Herzog y Kinski. Esa intensidad puede ser también de odio. Si esa intensidad no se produce es muy difícil conseguir lo que quieres. Es una relación muy delicada y amorosa la que uno vive con los actores para que todo funcione.

Eres una participante asidua de los festivales de cine. Tus películas compiten en unos y eres miembro del jurado en otros.
Lo que más me gustaría en el mundo es ser jurado. Es mucho más divertido que presentar una película. Como jurado la pasas bien, vas a mejores hoteles y restaurantes. Pero si estás en competencia la cosa cambia, hay muchos nervios, más trabajo.

¿Y qué hay de la responsabilidad de evaluar el trabajo de otros?
Para mí no es así. Si alguien cree que de un festival va a salir sabiendo que su película es mejor o peor, realmente tiene que cambiar de actividad. La premiación de un festival resume de manera promediada la opinión de los miembros del jurado, personas que vienen de diferentes países, que tienen distintos gustos, diversas ideas sobre el mundo. Lo que sí está bien es que se discuta y llegue a una decisión donde se subraye algo que aporta al lenguaje del cine. Los premios de un festival hablan más del jurado que de las películas. Si hay algo bueno en ser jurado es que te dejan de parecer importantes los premios.

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