Oscar Guzmán tiene facha de guitarrista flamenco. No solo eso, en Sevilla le suelen preguntar "una vez por semana por lo menos" si es gitano. Él responde que no con una sonrisa, y cuando cuenta que nació en el Perú algunos seguramente no le creen. Porque Guzmán toca con auténtico sentimiento flamenco: con gran intensidad, con un vasto conocimiento de la tradición, con rigor técnico. "Aunque las raíces españolas no son tan cercanas en mi familia, yo crecí rodeado de esa cultura. A los dos años mi padre me empezó a llevar a los toros. A los ocho ya tenía abono", dice.
Guzmán es un artista de una modestia a prueba de balas. "Soy un músico más, entre muchos que tratan de ganar un nombre. Tampoco sé si tengo algún talento especial; lo que sí puedo decir con certeza es que trabajo duro". Pero si uno le echa una mirada a su trayectoria, se topa con nombres como los de los hermanos Paco y Pepe de Lucía, o con el de Rafael de Utrera, que es uno de los cantaores más destacados de hoy. La semana pasada, precisamente, Guzmán realizó un concierto con Utrera en República Checa. "El centro de Europa está lleno de fanáticos del flamenco. Es uno de los puntos a los que más regreso".
-Cuando eras muy joven conociste a Paco de Lucía. ¿Qué significó esa experiencia?
Paco de Lucía es un modelo a seguir, tanto en un lo técnico como en lo artístico o expresivo. Lo conocí por la música; supongo que a él le pareció curioso que un peruano se interesase como yo por la guitarra flamenca. Su hermano Pepe vive muy cerca de mi casa, y a veces nos vemos, hemos tocado juntos; se ha establecido una relación de amistad con el paso de los años.
-¿Paco de Lucía sigue siendo la figura más importante del flamenco mundial?
Gracias a él se empezó a internacionalizar el flamenco, ese es su mérito más visible, digamos. También puedo decir que es mi mayor referente, sin duda. Pero no el único. Yo escucho mucha música clásica, sobre todo española: Manuel de Falla, Albéniz, Granados. También soy un fanático del piano. Los nocturnos de Chopin, los conciertos para piano de Mozart. Todo eso debe haber influido, aunque no de manera evidente, en mi música, en mi forma de interpretar y de componer.
LA SOLEDAD DEL GUITARRISTA
Oscar Guzmán es un solista: lo suyo tiene que ver con la reverberación de las cuerdas de la guitarra, con una tradición en la que siempre se está en pos del difícil equilibrio entre lo sutil y lo sentido. Además, es plenamente consciente de que su "especialidad" no es la más popular en la trilogía que forman el cante, el baile y el toque. "El toque ha sido siempre un acompañante del espectáculo, que está en el colorido del baile y en la pasión del cante. El primer concierto de guitarra flamenca solista lo dio Ramón Montoya en los años treinta, en París. Es una tradición muy joven en términos históricos".
Disciplinado, diurno, con los pies en la tierra, Guzmán sabe que no puede dedicarse únicamente a tocar la guitarra en un escenario silencioso y vacío. "Mis conciertos suelen tener una sección solista, pero el espectáculo es parte esencial en esto". Hace año y medio se presentó con Rafael de Utrera en Lima. Ambos músicos armaron un grupo con bailaores y percusión, y fue un éxito. Ahora que ha venido solo, Guzmán está planeando un reto distinto: tocará con músicos y bailaores locales, como para empezar a tender un puente aún más fluido entre la pasión andaluza y nosotros. A prestarle ojos y oídos entonces. (D.O)